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Memoria

Fueron años de vencedores y vencidos. Fueron años de muertos olvidados en cunetas. Fueron años bendecidos por la iglesia, de pasear el odio y el miedo bajo palio. Fueron años que los desmemoriados quieren olvidar, enterrar de nuevo.

Pese a todo, mi abuela sigue esperando para poder depositar una flor.
Escrito por Javier Puchades - Web

Cicatrices en un hogar abandonado

Ella se fue apagando poco a poco, dejando su silencio acurrucado sobre el desnudo somier de nuestro dormitorio. En el comedor, cuando el sol irrumpe al atardecer a través de los agujeros de las persianas, las motas de polvo dibujan sobre el suelo la sombra de mi último aliento balanceándose.
Escrito por Javier Puchades - Web

Versión oficial

—Afirma que no les conocía, ¿se fue voluntariamente con ellos?

(Silencio)

—No será de esas que van sin ropa interior, ya que no hemos encontrado sus bragas.

(Silencio)

—En las imágenes tiene los ojos cerrados, ¡estaba disfrutando!

(Silencio)

—Pero, ¿dijo "no"?

Una lágrima recorre el tembloroso rostro de la joven.
Escrito por Javier Puchades - Web

Anuncios por palabras

Cumplía las condiciones para ese trabajo. No le importaba volar, ni los ambientes caldeados. Apartó el humo de sus ojos para poder seguir leyendo. Pero lo que más le gustaba era aquello de "fijo en plantilla". Por fin dejaría de ir de cuento en cuento fantástico resoplando como un dragón.
Escrito por Javier Puchades - Web

Al otro lado de la pared

Siempre escuché un "mamá te quiere", pero nunca un "papá te quiere". Jamás me atreví a preguntar. Aunque, cuando ella decía que se iba a trabajar y me dejaba encerrada en mi habitación, la oía al otro lado de la pared decir:

—Papaíto, ¿qué quieres que te haga esta noche?
Escrito por Javier Puchades - Web

Reminiscencias

Quiero bajarme de este carrusel. Solo el insomnio y los recuerdos me acompañan cada amanecer. Entonces deseo volar de aquí y así ser capaz de olvidar su mirada, su sonrisa, el aroma de su piel... incluso, dejar de escuchar ese runrún silencioso de su coche de juguete golpeando mis pies.
Escrito por Javier Puchades - Web

Inocencia

¿Sabes?, desde que nos intercambiamos de cama para dormir, estoy muy contenta. Ahora papá siempre viene a darme las buenas noches. Me llama princesa. Dice que lo que hacemos es un secreto entre los dos y que no le cuente nada a mamá.

Todo me ocurre como antes a ti.
Escrito por Javier Puchades - Web

Obsolescencia programada

Ni un te quiero. Ni un beso. Ni el cigarrillo de después. Cuando empezamos, estamos dale que te pego, hasta que los vecinos golpean la pared gritando: "¡Ya está bien!". Entonces lo aparto, me doy media vuelta y a dormir, pensando que mañana no se me olvide cambiarle las pilas.
Escrito por Javier Puchades - Web
Anónimo hasta noviembre

Una de piratas: Naufragio a la vista

—Capitán, hemos perdido a algunos de nuestros mejores hombres.

Él permanecía impasible en el puente, junto a sus aduladores.

—Enrolaremos a más.
—Capitán, la mayoría serán inexpertos.
—Calla, gañán —dijo John "Little Shoes".

El navío continuó rumbo al Triángulo de las Bermudas... dejando tras de sí una estela de cadáveres.
Escrito por Javier Puchades - Web

Involución

Nuestras manos se transformaron en zarpas con ágiles pulgares. El encorvamiento de nuestros cuellos cegó nuestra visión frontal. Adquirimos la capacidad de sentir los cuerpos por proximidad. 

Acompañados por ese golpeteo penetrante, contemplamos atónitos en la pantalla cómo nuestros antepasados se miraban y se acariciaban sin artilugios de por medio.
Escrito por Javier Puchades - Web
Elegido mejor relato de agosto de 2017

22 relatos y 11 títulos en 50 palabras

Al despertar me dijo mi padre: "Son tiempos difíciles, ha sido tu último asalto. Ellos siguen preguntándose quién les pedirá perdón. Tú querías alcanzar los 46, pero tienes tu destino escrito. Es mejor que decidas volver. Toma el último vuelo y abandona esta tierra extraña. Así, dejarás de ser invisible".
Escrito por Javier Puchades - Web

Cita en la 410

Habíais quedado allí. Quisiste que te acompañase. Aunque siempre la deseaste, tenías miedo a encontrarte con ella. Cuando por fin os abrazasteis, tu sonrisa lo iluminó todo.

Te besé. Guardé tus recuerdos junto con mis lágrimas, allí, donde el olvido nunca pueda arrancarlos. Y te dejé marchar para siempre, mamá.
Escrito por Javier Puchades - Web

Soledades

Solo un último cigarrillo, solo vacíos ocupados por nostalgia y solo, alfombrando aquella melancolía, cartas esparcidas por la casa, con números rojos en su interior.

Cogió ese único cigarrillo, lo sujetó entre sus labios y, con la compañía del silbido adormecedor que fluía desde la cocina, encendió su última cerilla.
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Tarde de domingo

Llegaron con ella, otra vez, las náuseas, la angustia, el llorar bajo las sábanas.

Trabajo, ir, entrar, dar los buenos días; el silencio, la única respuesta. Estar, no ser visto, sentirte transparente, invisible, ignorado, ninguneado. Creerte basura o ni eso.

Mirar la ventana, el vacío, la distancia. Desear morir... ya.
Escrito por Javier Puchades - Web

Yo soy... esa

Rota, como su vida, guarda la minifalda que papá le arrancó al vérsela puesta mirándose al espejo. Luego mientras se ajusta la silicona bajo el sujetador, piensa en las burlas que nuevamente aguantará cuando, sobre sus tacones, se levante al escuchar en boca del funcionario de turno su nombre, Julián.
Escrito por Javier Puchades - Web

Último asalto

Los golpes le acompañaron desde el nacimiento cuando la prostitución lo abandonó en un hospicio.

A golpes logró abrirse camino, así consiguió éxito, fama y dinero. Pero la vida le volvió a golpear y lo lanzó a lo más profundo.

La muerte lo encontró abrazado al olvido y la locura.
Escrito por Javier Puchades - Web

Invisible

Las plantas no florecían, los perros dejaron de ladrar. Nadie la echó de menos, ni el banco; la soledad pagaba bien las facturas. Solo la avaricia necesitó su casa y forzó la cerradura. Allí estaba ella, en su sillón, esperando que alguien llamase a su puerta desde hacía dos años.
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Elegido mejor relato de diciembre de 2016

En tierra extraña

Su nieto pone el aparato de música cerca de su oído, se escucha "Ojos verdes", solo entonces los suyos brillan al compás de sus manos.

Sus recuerdos son en blanco y negro envueltos en dulces palabras: "Tú eres mi moreno, te quiero, bésame".

Su memoria está perdida en tierra extraña.
Escrito por Javier Puchades - Web

Melodía de seducción

Tarde de verano, brisas que acarician cuerpos somnolientos...

Subo a tu habitación a escondidas, me embelesa contemplarte semidesnuda, mueves tu cuerpo con suavidad, rítmicamente, no te molesta mi presencia, te gusta, me seduces... De repente, mamá.

—¿Qué haces, Javier? —cierro y salgo corriendo—. ¿No estarás con la cajita de música?
Escrito por Javier Puchades - Web

Tiempos difíciles

Él cansinamente empuja la carroza plateada desde donde su princesa, como un hada mágica, busca tesoros escondidos en cofres color esmeralda. Llenan el carruaje con objetos de valor y apetitosos manjares.

Antes de ir al siguiente le dice: "Princesa, aparta las manos, que voy a bajar la tapa del contenedor".
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