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The show must go on

"Tres, cuatro, giro; cinco, seis, izquierda..."

Era su nueva coreografía. El eco del bastón de la maestra seguía marcando el ritmo de sus pasos hasta llegar a casa. Entró y, con la elegancia natural que desprenden las bailarinas, alargó el brazo y posó en el paragüero su flamante bastón blanco.
Escrito por Lola Pacheco

Efecto mariposa

Comentan que doña Jacinta se ha vuelto loca: arrancó los geranios de sus balcones, orgullo de su casa y envidia de las vecinas, y va por los jardines cazando mariposas, dice que para que no revoloteen.

Pobre doña Jacinta. Todavía ignoran que su único hijo ha emigrado a Nueva Zelanda.
Escrito por Lola Pacheco

Chaussures (Zapatos)

La profesora se esforzaba en mejorar la pronunciación del alumno:

—Chau-ssures.

Al recoger su bolígrafo del suelo, se topó con los zapatos rotos del adolescente. Imaginó el drama familiar, las carencias... Cuestionó el sentido de su trabajo.

Tomó aire y volvió a la carga:

—Chaussures. Con estos zapatos llegarás lejos.
Escrito por Lola Pacheco

El baile

Sólo siguió bailando una pareja de ancianos: ella, ensimismada sobre su hombro; él, agarrando su mano como un pajarillo y su cintura como haz de espigas, envueltos por el pasodoble que sonaba sólo en sus oídos.

Llevaban cincuenta años de baile juntos; no iba a cambiarles la vida un apagón.
Escrito por Lola Pacheco

Fallo técnico

Inventó un juego autoafirmante: desde su ventanilla, examinaba chicas del andén aparentemente tan tímidas como él, y se despedía guiñándoles un ojo.

Escudriñaba una nórdica cuando la megafonía congeló su mirada: parada técnica.

Aterrado, observaba el avance bárbaro. Era lo peor, o lo mejor, que le pasaba en la vida.
Escrito por Lola Pacheco

Nada es absoluto, todo es relativo

Paul pilotaba apesadumbrado. La carga de su conciencia era mayor que la del aparato: una bomba atómica. ¿Podrían las medallas convertir en héroe a un villano?

Pero de pronto, algo le alivió: miró hacia abajo y vio... como hormiguitas. Y, después de todo, ¿quién no había matado nunca una hormiga?
Escrito por Lola Pacheco

La criatura

Victoria tenía ya el tronco de su muñeca, los brazos, dos cabezas a elegir... Le faltaba la pierna derecha, así que salió a explorar contenedores.

Antes del anochecer, volvió con una pierna casi nueva.

—¡Papá, ya puedo montarla!

Desde su butaca, el doctor Frankestein la miraba con gesto de satisfacción.
Escrito por Lola Pacheco

Ajuste de cuentas

El contable decidió hacerse ateo, pero zanjándolo todo bien.

Sabía que lo que le rondaba por la cabeza no tenía mucho sentido perdida ya la fe... Aunque, en resumidas cuentas, aquello era como abandonar una cooperativa.

Arrodillado junto a la cama, entonó la cantinela: "...Dámelo, dámelo. Mío es; tuyo no".
Escrito por Lola Pacheco