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El teléfono

Bebían la vida en cada beso y las caricias le cubrían el frío. Dos lágrimas vertidas en la distancia mientras sus manos se unían en el display del móvil. A la noche cada uno mentía en su cama: "Te quiero". No habría mañana, aunque al amanecer todo volviera a comenzar.
Escrito por Nicolás Puente

La modelo

Tomó el cincel de forma maquinal y se acercó a la modelo para comprobar que todas sus facciones estaban plasmadas en la escultura. Era igual: los mismos ojos llenos de tristeza. Los mismos pómulos níveos pintados por la muerte. Clavo el cincel en medio de su pecho: "Son exactas", exclamó.
Escrito por Nicolás Puente

Rutina

Cerró la puerta de la calle y puso de nuevo la maleta de siempre en el armario. En el espejo del baño pudo ver los moretones bajo el labio mientras cepillaba los dientes.

Con pasos quedos se acostó en la cama de espaldas a él.

—Hoy, no era el momento.
Escrito por Nicolás Puente - Twitter

Plenilunio

Ballesteros, escultor vulgar, modelaba escayola y, fortaleciéndola, la convertía en piedra. "La dama vengativa", una mujer que sostenía en los labios una rosa y en la mano, un puñal, fue su obra famosa.

Ayer encontraron su cadáver con una daga en el pecho y, destrozada a su lado, la escultura.
Escrito por Nicolás Puente - Twitter

Distancias

Murieron los dos a la misma hora y separados por mil kilómetros. A él se le paró su corazón de mujer y en ella dejó de latir el de hombre. Los médicos certificaron insuficiencia cardiorrespiratoria; los forenses, rechazo de órgano trasplantado.

La muerte sonreía: "Acabo de robarles su última oportunidad".
Escrito por Nicolás Puente

El amor y el cielo

Le dije: "Te amo, cielo mío". Esa misma noche floreció mi cama con sus gemidos. Dos meses después le dije: "Perdóname, ya no te quiero". No dijo nada, pero me hizo libre. Ella duerme en mi lecho; yo, bajo un cielo de estrellas —a veces nubes—. Y gime el viento...
Escrito por Nicolás Puente

La vampiresa

Él le dijo con voz suplicante:

—Te amo con toda mi alma. Déjame amarte.

Ella anotó en su gastada libreta: "El treinta y dos está perdidamente enamorado".

Dos días después, tras un examen rutinario, escribió el doctor en el certificado de defunción: "No podía vivir, imposible, le faltaba el corazón".
Escrito por Nicolás Puente

El vendedor de aventuras

—¿A qué te dedicas? —preguntó Andrea con voz ingenua.

—Escribo cuentos de cincuenta palabras, —respondí prendado de sus límpidos ojos de avellana y su piel de seda.

—¿Puedo leer uno?

—Sólo si me das un beso.

—Quieres comprarme un beso.

—No, preciosa, quiero venderte el cuento más viejo del mundo.
Escrito por Nicolás Puente