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Pecados mortales

Dejó sus premisas al pie de la cama. Primero, respeto; segundo, nunca humillar; tercero, sin sumisión; cuarto, libre de cardenales; quinto, sin mordiscos; el sexo, ausente de violencia; séptimo, enmudecer los insultos; octavo, orfandad de golpes; noveno, sin amenazas.

El décimo, releerlo como un responso al pie de su sepultura.
Escrito por M. Belén Mateos Galán

La sal de la vida

Le dieron las tres en el descansillo con el delantal desabrochado; las cuatro con la blusa enredada en el brazo; menos veinte con los tacones tirados en la alfombrilla; en punto con el sujetador suspendido en una taza sin sal.

A las seis y dos minutos gimió ante su puerta...
Escrito por M. Belén Mateos Galán

Sacar las uñas

Barajó los detalles de su larga relación. La convivencia, los mimos sin ganas, los arañazos de más, las ausencias sin avisar, los gemidos a medianoche, la maraña de pelo enroscada en su cepillo, y llegó a la conclusión de que no merecía la pena malgastar sus siete vidas con ella.
Escrito por Mª Belén Mateos Galán

Desencuentro en la saeta del tiempo

Él le dijo a las once, Sara entendió a las ocho. Llevaría un sombrero de fieltro, ella uno de ala ancha. En la solapa, la ilusión de un nuevo comienzo; en su prendido, un eterno reproche.

La fuente fue testigo del desencuentro.

El reloj no corría demasiado a su favor.
Escrito por Mª Belén Mateos Galán

Última cosecha

Eran las cinco en punto, lo sé por la campanada de la iglesia. Reiteraba esa hora como queriendo pronunciarse ante cualquier otra estación. La puerta permanecía abierta y los visillos, expectantes ante la visita.

Llegó la riada fecundando el campo fértil y yo me abrí de piernas esperando su cosecha.
Escrito por  Mª Belén Mateos Galán

Y la raíz se hizo verbo

Silenciadas, se escondieron las palabras en el tintero. Intuían que solo cincuenta de ellas serían las elegidas. Se desglosaron en morfemas y fonemas modelando una cadena lingüística ambigua. Los sustantivos se tornaron en adjetivos, estos en pronombre... Solo los endiosados verbos quedaron complacidos al sentir la pluma rozando sus alas.
Escrito por Mª Belén Mateos Galán

Fruto de sangre

Hay un cruce con una señal oculta en el rincón de la curva, donde se estrellan, en el viejo roble del bosque, los inmaduros pubescentes.

Ni se inmuta ante esa precipitación, ni ante el quebrar de sus ramas. Solo espera el riego de sangre para hacer brotar su nuevo fruto.
Escrito por Mª Belén Mateos Galán

Saliendo de cuentas

Fueron cincuenta promesas falsas, cuarenta disculpas sin alma, treinta cartas sin respuesta, veinte llamadas vacías y diez lágrimas ahogadas.

Hoy saboreo nueve cigarrillos sin filtro, ocho porciones de chocolate negro, siete helados de vainilla, seis copas de vino, cinco minutos aterida, cuatro ardiendo, tres auto-caricias, dos gemidos y un olvido.
Escrito por Mª Belén Mateos Galán