Afortunada

Acostumbraba a que me limpiasen los zapatos. Me senté comodamente.

—Por favor.

Vestía minifalda negra y blusa roja.

—Podría cambiarse de zapatos diez veces al día —me dijo. Me miró a los ojos. Sonreía.

Después volví con minifalda roja y blusa negra.

—Por favor.

Me sentí afortunada con aquella sonrisa.
Escrito por Gil Hernando de Santiago

La soledad del cuervo

Ahí estaba yo, parado en el medio del bosque y con el día templado. Respiro un aire melancólico; tal vez sea la soledad, porque me he dejado llevar por el viento, por el sol, y por la luna: por eso los cuervos estamos solos. Los otros son simples competidores.
Escrito por Alejandro - Web

Memorias de un psicópata

Los truenos se dejaban oír esporádicamente, apagando los lamentos cochambrosos de mis familiares. Estaban vivos, pero no por mucho tiempo. Gritaban y sollozaban, sobre todo mi abuela; no sé si sus alaridos venían por el dolor que sufría o por saber quién era el causante de dicho sufrimiento, su nieto.
Escrito por Alex Malai - Twitter

Un mal sueño

Te despiertas sobresaltado, no sin cierta ansiedad. Vas al baño. Te miras en el espejo. Nada en apariencia resulta extraño, salvo esas numerosas gotas de sudor que perlan tu frente y pecho. El agua fría te refresca. Regresas a la cama. A tu lado, inerte, yace el cuerpo de María.
Escrito por José Antonio Barrionuevo

Recuento

En el funeral, la hija recapitulaba sobre lo ocurrido: su padre no soportó ver al primogénito degradándose tras continuas recaídas y decide, con dos golpes de gatillo, solucionar su problema. Ella quedó irremediablemente sola.

Mientras enjugaba sus lágrimas, su pena comenzó a volverse en rencor:

—Maldito viejo... nunca le importé.
Escrito por Ruperto

La magia de mamá

Mamá está sola, aunque no deja de darnos hasta lo que no tiene a mí y a mis hermanas. No sé cómo lo ha hecho, pero ha pagado la matrícula de mi universidad. Llora y ríe cuando se relaja. Hay un hueco en su dedo donde antes estaba su alianza.
Escrito por Ángel Saiz Mora

Luna

Dios tiene problema en el ojo que todo lo ve, por eso, en las noches, enciende una lámpara para rastrear el sendero de los pecadores. Los lobos reconocen la luz que se cuela y, con sus aullidos, le indican que no pierda su tiempo, el diablo los ha encontrado primero.
Escrito por Beto Monte Ros - Web

El deseo de una niña

Nunca la había buscado porque desconocía su existencia y, sin embargo, jamás logró olvidar cuánto había llegado a añorarla en su infancia. Ahora se encontraba allí, frente a ella, en el umbral de su puerta, devolviéndole su propia imagen. Con la mirada la invitó a entrar: apagarían las velas juntas.
Escrito por FNR