Otra guerra

El sol del amanecer apenas alcanzaba el horizonte cuando la paz fue turbada por ruido atronador de armas de fuego. Los miembros de la familia, sorprendidos, abandonaron sus confortables lechos corriendo en todas direcciones, aterrados y desorientados.

La temporada de caza había comenzado y las liebres ya no eran libres.
Escrito por Isidro Moreno Carrascosa - Web

La tuve que matar

La tuve que matar, no podía más. Al principio, amor, acercamiento, intimidad. Me toca, la miro, me huele, le dejo, disfruto.

Al rato se apoya, sigue sintiéndome suyo. Más tarde, en la cocina, duda, ahora sí, ahora no, te quiero a ti, quizá no.

Un segundo, para, ¡ZAS! Adiós mosca.
Escrito por Agonía de Francisco

De seda

Se pintó los labios, se rizó las pestañas y se puso su mejor minifalda, la de seda salvaje. Ilusionada, salió de casa, convencida de que esa noche, al fin, encontraría el amor.

Sin embargo, a pesar de la euforia, la mona evitó usar rímel. Siempre se le corría al llorar.
Escrito por Toni Ávila - Web

Casi todo perfecto

La música invitó a los asistentes a levantarse para verla desfilar por el largo pasillo, aplausos y fotos a su paso.

Ya en la calle lo buscó entre la multitud y le bastó una mirada fugaz para reconocer su error, mientras se sacudía los granos de arroz del vestido blanco.
Escrito por Asun Paredes
Elegido mejor relato de agosto de 2015

Gaveta 12

Cuenta una antigua leyenda mexicana que en la gaveta 12 de La oficina del olvido viven cincuenta demonios. Fraguan historias, urden destinos; querrán subir al paraíso escalando tus piernas. Pero ten cuidado, puedes perder la razón o los ojos. Yo ya no veo; sólo escucho los murmullos de los locos.
Escrito por Andrés Galindo - Web

Amor, traición y tequila

Satisfecho, contempló su obra. Agarró la botella dispuesto a ahogar su conciencia en el alcohol. El líquido resbalaba por su barbilla, combinándose con sus lágrimas.

¿Sería alguien capaz de culparlo?

Procurando no olvidar ningún detalle, eliminó todas las pruebas y, con parsimonia, limpió la sangre de sus manos con tequila.
Escrito por José Torma - Web

Azul (I)

Acurrucó a su pequeño en la mantita azul y esperó a que todos ocuparan su lugar. Le miró tiernamente, su nariz redonda, sus ojos negros cerrados; dormido plácidamente en su regazo de madre. Rezó para que aquella travesía no fuera muy larga.

Desde la playa, el Mediterráneo se veía inmenso...
Escrito por Carmen Martagón E. - Twitter
Parte I | Parte II | Parte III | Parte IV

El sastre vagabundo

Hilvanando letras daba forma a esa historia que jugueteaba por las rendijas de su imaginación. Caminaba, errante y sin rumbo, cosiendo retales de palabras hasta que lograba tejer el ansiado tapiz del relato. En ese mágico instante, desde su alma de escritor, una sonrisa volaba y aterrizaba en su boca.
Escrito por Pablo Núñez - Twitter