El vuelo de la memoria

Las palomas se alborotan al verlo. El anciano, con la parsimonia que regalan los años, les da de comer. El frío apremia el regreso al hogar.

En la soledad de su habitación, siente que la vida lo abandona. Da gracias, conoció el amor. En la ventana, una paloma pinta espera.
Escrito por Salvador Esteve
Anónimo hasta noviembre

Historias que he intentado escribir

Se entrometían por las rendijas de la persiana como una luz centella, me huían los argumentos entre desvelos de madrugada. Morían de asfixia a los personajes con la espiral de alambre del cuaderno. Historias que no logró avivar la tinta, que no pudo reanimar el golpe indeciso de las teclas.
Escrito por Belén Sáenz
Anónimo hasta noviembre

Acusación histórica

—Coronel Paty de Clam, yo le acuso.

De este nítido modo defendió al militar judío perseguido injustamente. Bien pudo haber mirado a otra parte; además, lo suyo era la novela. Pero no quiso.

Periodista comprometido, intelectual implicado, corajudo hombre de bien. Amaba la verdad, era francés y de nombre Émile.
Escrito por Carmelo Carrascal
Anónimo hasta noviembre

Luces y sombras

Ella me pintaba preciosos cielos luminosos pero cada noche yo les añadía nubes sombrías. Empezó entonces a crear puertas abiertas y amplios ventanales sobre los que yo trazaba cerrojos y barrotes. Perdido ya todo el color, dibujó unas hermosas alas y me quedé solo tratando de borrar estas amargas lágrimas.
Escrito por Manuel Menéndez Miranda
Anónimo hasta noviembre

Postrimerías

—La memoria me falla, pero sé quién eres. ¿Vienes ya por mí?

—Llevo mucho acompañándote, pero no, morirás poco a poco.

—Preferiría una muerte rápida, imprevista.

—Lo siento, es tu destino, pero tranquilízate, no soy tan cruel como piensas, te iré quitando lentamente la memoria, la consciencia y el raciocinio.
Escrito por Crispín - Web
Anónimo hasta noviembre

El despertar de las máquinas

Despertó alertado por el chisporrotear cíclico del monitor de su ordenador. Juraría que lo había apagado antes de irse a la cama. Y, efectivamente, permanecía apagado. Aquel ruido provenía del interior de su propia cabeza.

Y es que a los robots nunca se les ha dado bien eso de dormir.
Escrito por Antonio Segovia - Web
Anónimo hasta noviembre

El consecuente

Por fin era feliz, con mi pequeño restaurante en Melbourne, así que decidí inaugurarlo con Alysson, mi querida socia. Para conocerla, me apunté a un curso de cocina en el que me la encontraría.

Sabiendo esto, sólo tuve que dejar mi empleo como analista y largarme a vivir a Australia.
Escrito por Álex Garaizar
Anónimo hasta noviembre

No mires atrás

El ascenso se me dificulta a cada momento. Mis dedos sangrantes se aferran angustiosamente a los guijarros mientras los habitantes del averno carcajean, escupen y me insultan.

Pero nada más terrible que las dudas que corroen mi alma. ¿Ella vendrá detrás? ¿Él cumplirá lo pactado?

Titubeo, volteo... y la pierdo.
Escrito por Jean Durand - Web
Anónimo hasta noviembre