Mal día para visitas
Llamaron a su puerta insistentemente.
Se incorporó de su sillón y, sujetando su andador, avanzó con paso lento hasta la entrada. Observó por la mirilla y, de nuevo, decidió que no era el momento de dejarla pasar.
La muerte con su guadaña se sentó pacientemente en los escalones, otra vez.
Se incorporó de su sillón y, sujetando su andador, avanzó con paso lento hasta la entrada. Observó por la mirilla y, de nuevo, decidió que no era el momento de dejarla pasar.
La muerte con su guadaña se sentó pacientemente en los escalones, otra vez.