Mostrando entradas con la etiqueta Juan Aguilera. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan Aguilera. Mostrar todas las entradas

Silencios en voz alta

—¿Qué más desea que le ponga, señora?
—Ponme unas de cerezas. Y cuarto y mitad de amor del bueno.
—¿Cómo ha dicho...?
—¡Ay, perdón! En qué estaría yo pensando... —contestó mientras apartaba la mirada del joven dependiente que bien podía ser su hijo y de quien llevaba años locamente enamorada.
Escrito por Juan Aguilera

Soñando con los ojos abiertos

Cada mañana miraba de reojo el buzón esperando encontrar como por casualidad una carta de amor que le llenara la vida de alegría y el corazón de besos. Como sucedía en los viejos cuentos que, con voz aterciopelada, le contaba la abuela noche tras noche cuando se iba a dormir.
Escrito por Juan Aguilera

Viajes al ayer

—¡Baja de ahí, papá! Te vas a caer.
—Quiero saber si han vuelto las golondrinas.
—¿Y eso?
—Es que madre dice que ellas guardan en su nido los besos que no me da cuando se enfada.

Me acerco hasta él y acaricio sus sienes blancas y su mente de niño.
Escrito por Juan Aguilera

Los primeros besos

La tenía frente a él y su sonrisa le parecía la más bonita del mundo. Aún no sabía que con ella descubriría cosas preciosas que ahora desconocía. Pero quiso regalarle un beso. Y con las mismas prisas, volvió al recreo a jugar con sus compañeros de primer curso de infantil.
Escrito por Juan Aguilera

Debilidades

Deslizó la solapa del sobre entre sus labios y cerró la carta. Dentro, las palabras que nunca supo decir de viva voz llenaban los renglones de un folio en blanco. Y mientras la echaba al buzón, prometió nunca más enamorarse.

Bueno..., hasta el siguiente domingo que volviera a verla bailar.
Escrito por Juan Aguilera

Curiosidades de la vida

Y cuando creía que había sido condenado a arder en el más cruel de los infiernos por no haberse conformado nunca con lo que la vida le había ido deparando, descubrió que la mujer que le abría las puertas de aquel lugar era el ángel con quien siempre había soñado.
Escrito por Juan Aguilera
Anónimo hasta septiembre

El dichoso capricho de enamorarse

—¿Dónde va usted?
—Al corazón de esa señorita.
—¿Me enseña su billete, por favor?
—Verá... no tengo.
—No sea tonto, bájese ahora que aún puede.
—Pero es que... la quiero.
—Pues le tendré que multar por ir sin billete.
—¿Y supone mucho?
—Lo suficiente para que no la pueda olvidar.
Escrito por Juan Aguilera

Gracias... de corazón

Tomó un lápiz y escribió una nota en un papel: "Gracias por lo que me has hecho sentir, incluso cuando no esperaba ya nada de ti", y la guardó con delicadeza en el bolsillo izquierdo de su camisa. Era el lugar correcto para dejarla. El destinatario era su propio corazón.
Escrito por Juan Aguilera