Mostrando entradas con la etiqueta Luis San José. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Luis San José. Mostrar todas las entradas

El cenicero

Por fin podré ser esa chica que nunca me dejaste ser. Conseguiré recuperar la sonrisa y desconectar el GPS que me colocaste al conocernos. ¡Ah!, y escucha: volveré a fumar. Y empezaré con diez cartones de un tirón, para ir sacudiendo los cigarrillos en la urna que guarda tus cenizas.
Escrito por Luis San José

Desencanto

Raimundo III, encogido en su nenúfar, escucha un estremecimiento de juncos. Siente miedo. No tardará en llegar aquella damisela besucona con su fétida halitosis que, como todos los días, le acurrucará en su regazo y, con un pestilente susurro, volverá a decirle que no se preocupe, que sabrá tener paciencia.
Escrito por Luis San José

Torrijas y capirotes

Arriba el telón. Campanillas y saetas. Se desnudan las espaldas. Aguardan voraces las madejas de lino. Los picaos se agachan. Un cristal perfora doce veces su carne. Las fustas se convierten en hisopos de latón y sangre. Capirotes señalando el cielo. Las cámaras, a falta de lágrimas, fingen aplausos entusiastas.
Escrito por Luis San José - Web

En serie

¡Pobres! En realidad, adoro el interés que se toman, pero andan un poco despistados con ese retrato robot de los noticiarios. Es cierto que tengo cierto parecido, pero no me gusta mucho esa mirada psicópata que me han colocado. Debe ser por la rencorosa de la hermana. Igual le pregunto.
Escrito por Luis San José - Web

Bola de sebo

Le dieron tres vueltas y le pusieron un bate en las manos. "¡Venga, gordo, que los tienes delante!". Un golpe seco, otro y otro lo excitaron hasta el paroxismo. Algo le salpicó en la cara. Podían ser melones, botijos, piñatas o cabezas, pero ¿quién podría culparle teniendo los ojos vendados?
Escrito por Luis San José - Web

Reanimación

La mujer del finado avanzó lentamente dispuesta a todo, luciendo el picardías rojo que tantas veces le había reanimado. Intentaron disuadirla pero era muy persistente cuando quería meterse algo entre ceja y ceja. Cuatro horas después, entre aplausos y vítores, abandonó el velatorio con una mezcla de satisfacción y fracaso.
Escrito por Luis San José - Web

Despecho

De "ciudad del amor" le quedaba bien poco, la verdad. Sin el parque de las Tullerías, la torre Eiffel, Le Procope, el río Sena... Todo había desaparecido como si fueran teselas de un gran mosaico.

Muy lejos de allí, sobre un álbum de fotos, alguien mezclaba risas, lágrimas y venganza.
Escrito por Luis San José - Web

Reencarnación

Estaba contento con su trabajo de auxiliar forense pero aquel creciente desasosiego filosófico y religioso le atenazaba la respiración. Dotado además de un altruismo incondicional, una generosidad innata para con todos aquellos desgraciados que pasaban por su mesa, decidió participar más activamente en su transmigración y decidió montar una carnicería.
Escrito por Luis San José - Web