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La evacuación de las élites (La ciudad sin alma VI)

Intentaba huir en la nave.

—¡No fue premeditado, Martín! —suplicó por su vida.
—¡Lucía murió!

Podría haberle matado en ese instante. Saavedra había destruido todo el mundo que yo había conocido... Que había amado alguna vez...

Alguien disparó.

Entró por mi espalda. Mientras, una marabunta descontrolada se abalanzaba hacia nosotros.
Escrito por Raquel Tevas Cisneros
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En busca del Doctor Hellzer (La ciudad sin alma V)

Las temperaturas no pararían de bajar.

El frío era insoportable, un frío blanco, aterrador. Los océanos estaban recubiertos de escarcha, pero lo realmente angustiante era la falta de víveres y oxígeno que estaba por llegar. Hacía días que no veía una sola planta. Debía encontrarlo, él tenía todas las respuestas.
Escrito por Raquel Tevas Cisneros
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El gobierno nos miente (La ciudad sin alma IV)

Cuando murió Lucía, lo único que significaba algo para mí era la venganza.

Mis contactos en el CNI me permitieron escuchar rumores sobre una estación submarina en la que el gobierno había trabajado. Vi los planos en el despacho de Saavedra.

—Fue orquestado... desde el principio —musité—. Murió por nada.
Escrito por Raquel Tevas Cisneros
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Alien-Nación (La ciudad sin alma III)

Día 527.

Alienados, se aferraban a sus pequeñas rutinas como si las tinieblas no se hubieran apoderado de todo. Portaban velas. Iban y venían de sus trabajos inexistentes, zombificados. Escuálidos, chocaban contra paredes. Muchos morían atropellados por aquellos intrépidos, que incluso se atrevían a conducir en la más inhóspita oscuridad.
Escrito por Raquel Tevas Cisneros
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Voces críticas (La ciudad sin alma II)

Las semanas previas al gran apagón los más conspiranoicos habían teorizado sobre algún proyecto secreto del gobierno. Salían por televisión alterados, histriónicos, caricaturizados. El más prolífico y reconocido, Beltrán Lobo, salió una noche drogado. Resultó inquietante, sospechoso, un espectáculo lamentable, que enterraría definitivamente las voces críticas en el paroxismo mediático.
Escrito por Raquel Tevas Cisneros
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¿Quién apagó el sol? (La ciudad sin alma I)

Las primeras semanas fueron espantosas. Sin serotonina, la oscuridad trajo también oscuridad de entendimiento. La gente perdió la noción del tiempo. Comenzaron los robos y asesinatos. Aún recuerdo a Rebeca, una mujer risueña y comedida, ardiendo a lo bonzo entre desvaríos atroces. Nadie entendía que el sol se hubiera apagado.
Escrito por Raquel Tevas Cisneros
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Las almas puras

El pequeño ataúd coronado de flores. En México todos festejaban. Vida, muerte... Era una transición. 

A veces, la mamá se asomaba a la ranura de la tristeza, recreando recuerdos de cosas que casi llegaron a ser, que ya nunca sucederían.

Nacida muerta, ahora su alma pura, liberada, la velaría siempre.
Escrito por Raquel Tevas Cisneros

La vida soñada de los otros

Susana soñaba que era un arquitecto de 33 años que se afeita en su casa a las 6:58. Más tarde, paseaba cerca del casino cuando vio a su mujer con otro. De la impresión, Susana se despertó alborotada.

Mientras, en algún lugar de Tailandia, Malai soñaba la vida de Susana.
Escrito por Raquel Tevas Cisneros