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La eternidad de un abrazo

Se acercó a él de frente, mirándolo. Respiró su aire mientras lo abrazaba por dentro. Pensó en aquellos despertares juntos, en las lecturas regaladas, en los vaivenes del tiempo, en él...

A través de la ropa le regaló su corazón y dijo: "Hasta siempre".

Tan solo habían transcurrido veinte segundos.
Escrito por Salvador Pérez Salas

Extraña mente

El rodar de la rueca resonaba en el aire arrastrando silencios imposibles. El monótono ruido renacía incesantemente. No había princesas en su imaginación. Sin embargo, las lagartijas entraban y salían por las rendijas de su mente. La mariposa echó a volar. Cerró los ojos. Solo quería descansar.

La araña tejía.
Escrito por Salvador Pérez Salas - Twitter

Buscando en el baúl de los recuerdos

La chica yeyé se llamaba Anduriña. Siempre callaba cuando el borracho que mascullaba "yo soy aquel al que le gusta que suenen los ejes de mi carreta" le gritaba: "¡Cállate niña, no llores más!". 

Ella, entonces, como si bebiera un sorbito de champán, se perdía en los sonidos del silencio.
Escrito por Salvador Pérez Salas - Twitter

Viviré mi vida vivida

Comencé la carta escribiendo: ¡Hola... yo!

Iría dirigida a mí pero... cuarenta y dos años atrás. Posiblemente, la letra, me resultaría familiar. Tan parecida a la, entonces, "suyamía".

No sé qué mentiras decirme para llegar vivo hasta el día de hoy.

Seguramente lo deje así: ¡Hola... yo!

Será lo mejor.
Escrito por Salvador Pérez Salas - Twitter

El grito deseado

¿Tierra? ¿Tierra a la vista me vas a decir tú a mí, Rodrigo? ¿Tierra a la vista, cuando sabes que tengo grietas en los ojos de derramar ríos de sal buscándola durante meses? ¿Tierra? ¡Venga ya, hombre! ¡Agua...! ¡Agua y comida es lo que tienes que gritar! ¡Déjate de tierra!
Escrito por Salvador Pérez Salas - Twitter

Así es la vida y viceversa

Rebuscar en los pozos ciegos se le convirtió en algo cotidiano. Aquella viscosa mezcla de restos de comida, heces, orina y quién sabe qué hediondas asquerosidades más... le repugnaba. Hundió su brazo y sintió cómo los dientes de una rata se clavaban en él.

Ayer comió él. Hoy sería comido.
Escrito por Salvador Pérez Salas

Sí. Son diez

¡Cinco, seis, siete, ocho, nueve y diez! Los cuento otra vez. Uno, dos... Encontré trabajo a los cincuenta años... Tres, cuatro, cinco, seis. ¡Llevaba mucho tiempo en paro! Siete, ocho, nueve y diez. ¡Sííí! ¡Son diez! ¡No hay error! ¡Diez!

¡Diez billetes de cincuenta euros! ¡De nuevo tengo un sueldo!
Escrito por Salvador Pérez Salas - Twitter

Ojo versus sol

Echaba de menos el azul del cielo, el verde de sus plantas de interior y el rojo de su camiseta. Ya siempre confundiría el sabido color blanco de las paredes por uno "sepia amarillento". Cerró sus doloridos ojos y suspiró.

Se arrepintió de aquella absurda apuesta. El sol siempre gana.
Escrito por Salvador Pérez Salas