El administrador abochornado

Cuando consultó Cincuenta palabras no vio ningún relato. Entonces comprendió: ¡era su turno! Agazapado en su oficina escribió la historia más burda posible, que sentó como una bofetada a sus seguidores. Fue una mancha en su expediente que todavía hoy es recordada como la mayor desfachatez del mundo del microrrelato.
Escrito por Álex Garaizar

Partida de caza

El cazador de sueños acechaba. Apuntó su arma y disparó: el sueño cayó fulminado. El cazador lo ató y se preguntó cuánto pagarían por el sueño. Se lo puso a cuestas y salió de la mente de Alicia. Ella dejaría de soñar con el País de las Maravillas para siempre.
Escrito por Sergio F. S. Sixtos - Web

Si pudiera...

Si pudiera, escribiría un microrrelato... Si tuviera alguien para inspirarme, si dispusiera de una vida llena de emociones, un trabajo que me ofreciera estímulos o un techo donde cobijarme para escribir sin los ruidos de la ciudad.

Pero por no tener, no tengo ni un triste bolígrafo para hacerlo.

FIN.
Escrito por Mark Olsson - Web

Coulrofobia

Cuando su alma recién creada flotaba en el éter, había visto de lejos a un demonio. Desde entonces, el recuerdo de su rostro había quedado grabado en su conciencia.

Ya encarnado en un ser terrenal, siendo niño, fue a un cumpleaños, y al ver el rostro del payaso, se estremeció.
Escrito por Luciano Doti - Web

Amor inalcanzable

Caminé tras sus pasos con la convicción de estar siguiendo a la mujer de mi vida. Mi corazón latía con una fuerza inusitada al sentir esa emoción tan desproporcionada e irracional. Cuando se detuvo, supe que el final había llegado. Mi amor tenía que ser inalcanzable para hacerme realmente feliz.
Escrito por Alfredo - Twitter

El sicario

Llegas puntual al callejón. Te ocultas hábilmente en la penumbra. Te pagué por adelantado. Espero que cumplas. Yo no me atrevo a hacerlo. Te acercas. Cierro los ojos, aterrado. Entonces me apuntas. El arma no responde. Insistes varias veces. Nada. Puedes quedarte con el dinero. Creo que prefiero seguir viviendo.
Escrito por Edgar Ferreira - Twitter

I Re 3:16-28

En aquel tiempo vinieron a él dos prostitutas. Cada una alegaba que no había engendrado tal criatura, que el niño no era de ella, que el monstruo era de la otra.

Pidió Salomón que trajeran su espada, y a cada mujer dio una pequeña pierna, un bracito y una cabeza.
Escrito por Rubén Pesquera Roa - Web

Rebeldía

Llegado el momento preciso debía besarla con pasión. Tal era el propósito inequívoco del autor. Pero, sin saber el porqué, el protagonista siempre enfilaba sus pasos decididos hacia el acantilado. Pudo frenarlo a tiempo varias veces, obligándolo a acudir a los receptivos brazos de ella.

Terminó arrojándose al vacío fatalmente.
Escrito por José Antonio Barrionuevo

Si, señoría

—La madrugada del 15 de agosto de 2009, advirtió usted a la víctima, cito textualmente: "No subas al coche de ese tío, es un vicioso, va puesto hasta las cejas". Y la víctima respondió: "Que te den, estás celosa".

—Sí, señoría.

—¿Usted también acudió al reconocimiento del cadáver?

—Sí, señoría...
Escrito por Capitán Howdy - Web

The power of love

Aquella tarde, en el Café, hablamos del poder de las palabras. Tú comentabas que lo importante son los hechos cuando aproveché para decir que no quería continuar con nuestra relación. Lloraste, te pedí perdón y pagué lo consumido. Nos fuimos sin haber descubierto qué era lo que de verdad importa.
Escrito por La Marca Amarilla

Amor secreto

Salían a sus terrazas a la misma hora, todas las noches. Dos siluetas entregadas a un intercambio de miradas, salvando la distancia entre edificios. Se escrutaban, amparados en la oscuridad, en un ritual de amor secreto. Solo cinco minutos. Después, apagaban sus cigarrillos y volvían dentro, con sus respectivas esposas.
Escrito por Ignacio Urtiaga - Twitter

Mocha Dick

Mirando el Mar del Sur desde la sucia cubierta del Acushnet, el joven marinero Herman Melville imaginaba cómo le clavaría el arpón mortal a Mocha Dick, la mítica y huidiza ballena blanca. Sólo años después comprendería que, en realidad, durante aquel viaje, la ballena blanca lo había cazado a él.
Escrito por Leonardo - Web

Cosas que pasan

Ayer estuvieron a punto de enterrarme vivo. Aparentemente todos creían que había muerto; los oía hablar sobre mí, algunos lloraban, y yo ni podía gritar. Alguien certificó la ausencia total de signos vitales. Pero gracias a Dios alguien lo impidió.

Hoy mis cenizas vuelan con la brisa sobre el mar.
Escrito por Barlon Mrando - Web

Soberbia tecnología

En la soledad de la noche, el Capitán salió a cubierta y retó al mar, orgulloso de su poder. La máquina más perfecta y veloz dependía de sus órdenes, una obra maestra de la ingeniería… Muchos hubieran matado por conseguir su puesto de mando. Hasta el nombre era perfecto: Titanic.
Escrito por Patricia Richmond - Web

Microrrelatando

Voy a probar a enviar un microrrelato, a ver qué tal. Uy, parece que a alguien le ha gustado. Otro concurso, voy a escribir algo. Oh, mala suerte. No era mi día. Qué floja ando de inspiración. Hoy no se me ocurre nada... ¡Toma ya! ¡Me han seleccionado un microrrelato!
Escrito por Maest

Esperando

Cada mañana al abrir sus ojos, anhelaba la visita de la muerte, su muerte. Sin éxito, tomaba su rutina diaria hasta caer rendido en la noche. Aquella otra mañana no fue igual, apenas si escuchó el sonido de la tierra cayendo sobre la tapa de madera, intentó, en vano, incorporarse.
Escrito por Daniel Morón

En partes

El asesino, todavía temblando, cortó el cuerpo en seis partes. Lavó los instrumentos de trabajo en la bañera: con un chorro de agua fría y detergente barato. Colocó el tronco y las extremidades —ceremonioso— sobre la cama. Tomó la cabeza del cadáver entre sus manos y ésta abrió los ojos.
Escrito por Sergio F. S. Sixtos - Web

Daño colateral

Cuando el avión comenzó a caer sin control, supo que era el fin. Maldijo su indigesta última comida, odió la ley que le había hecho apagar su teléfono, le irritó morir en aguas internacionales y lamentó estar viajando solo. No tuvo más remedio que atizar al tipo de al lado.
Escrito por Álex Garaizar

¿Por qué precisamente hoy?

¿Por qué llevas hoy flores a mis despojos cuando, desde que morí, velo por ti a diario, escucho todos los pensamientos que me diriges y tramito tus plegarias? ¿Acaso no te acompaño en tu día a día? ¿No estoy permanentemente presente en tu vida, en nuestros hijos, en nuestro hogar?
Escrito por Cristina Selva - Twitter

Conversión express

"Acepta la verdadera fe o tu alma se perderá", me dice el predicador en la plaza. Lo rechazo de manera cortante. Se marcha refunfuñando. Al rato entro a un restaurante y pido usar el baño. Lo encuentro ocupado. Golpeo la puerta, urgido. "¿Ahora sí crees?", me increpa una voz familiar.
Escrito por Edgar Ferreira - Web

Trapos sucios

Lava en agua fría, tiende con sumo cuidado, plancha a temperatura suave, almidona y perfuma de jazmín su ropa interior. Satisfecha del resultado, la arroja al cesto de la ropa sucia. Después, sale en busca de la felicidad; un par de conjuntos de lencería fina y cualquier excusa para estrenarlos.
Escrito por Beatriz Carilla Egido - Web

Suceso en barrio humilde

Como un rayo de sol envenenado entró por la ventana, segándole la vida. Tenía siete años y almorzaba mientras veía su serie favorita. La policía comentaría después que todo se debió a una guerra entre bandas. Nadie dijo que ser pobre supone que la muerte nunca llame a la puerta.
Escrito por José Antonio Barrionuevo

Último mensaje

Andrea acababa de ducharse. Al salir y mirarse en el espejo, contempló una figura oscura detrás de ella. Sobresaltada se giró bruscamente, pero allí no había nadie. Al volver a mirar al espejo, la frase “VAS A MORIR” escrita sobre el vaho, fue su última visión antes de caer muerta.
Escrito por Iván Salomón - Web

Ese baúl

Abrí la puerta del sótano, cerrada a cal y canto tantos años, y me recorrió un escalofrío. Hallé con dificultad el interruptor de la luz que me descubrió un enorme baúl abierto como boca de lobo. Dentro divisé a los antiguos dueños de la casa, a los que haré compañía.
Escrito por Francisco Javier Sarabia - Web

Una noche fabulosa

Sobre el escenario, al final de la velada, un conejo vestido de frac saca del interior de su chistera a un hombre blanco. ¡Tachán! Está desnudo y asustado. Gime y lloriquea. Miles de conejos aplauden desde sus butacas de terciopelo. Ríen, fuman y beben vermú. Les encanta ese viejo truco.
Escrito por J. R. Navarro - Twitter

¿Qué pasa en casa de Idoya?

En el recibidor de casa de mi amiga Idoya tienen dos figuras mirándose de frente. Aunque Idoya, a veces, las coloca dándose la espalda, a los días nuevamente están de frente.

Hace días que no veo a Idoya. Ayer, me abrió una mujer desconocida. Las figuras se daban la espalda.
Escrito por Juana Mª Igarreta Egúzquiza - Web

Mi mujer y la aguja de crochet

¡Ay! mísero de mí, inconsciente. Me arrellané en el sofá sin ver la aguja de crochet, me esperaba puntiaguda. ¡Qué dolor! Imposible, no sale. Llamaré a la vecina. ¡Ni se te ocurra! Ahora sí salió, pero, ¿qué lleva colgando? una vena, un tendón. ¡Ah! ¡Uf! Es el hilo del pantalón.
Escrito por Santiago

Contador de palabras

Hermoso. Valiente. Atrevido. Amoroso. Galante. Brusco. Atormentado. Romántico. Suave. Atolondrado. Despreocupado. Nervioso. Enérgico. Decidido. Tierno. Grosero. Egoísta. Bruto. Guapo.

Alguno de estos gruesos desahogos le gritaría con fuerza en su cara, en pleno clímax. Era cosa de elegir bien.

Y ahí, estando enredados, sólo atinó a decirle, casi vencida: "¡Caro!"
Escrito por Gabriel Beltrán

El destino en las dos caras de una moneda

—Cara baila contigo, cruz conmigo.

Laura escuchó a lo lejos el tintineo de aquella moneda al caer al suelo, sin sospechar siquiera que se estaba decidiendo su futuro.

Algún requiebro, promesas y varias palabras bonitas bastaron para enamorarla, pero tuvo que soportar aquella cruz durante el resto de sus días.
Escrito por Juancho Plaza - Web
Elegido mejor relato de 2013

Antonio

Todo en la vida de Antonio era frágil, hasta su salud. Una tarde falleció. Al velorio asistieron sus compañeros de trabajo, división encomiendas, Correo Nacional. En el entierro al tomar las asas de ataúd, uno de ellos divisó al costado, en la madera, un cartel blanco con letras rojas, "FRÁGIL".
Escrito por Daniel Morón

La voz del infinito

En verano me abría la ventana y señalaba las estrellas. En el cielo que él me mostraba, las errantes, en blanco y negro, recorrían el pecho de mi deseo; éste era sencillo: "Que vuelvas" —le decían mis ojos—, "que vuelvas a mostrarme el universo y desnudes la voz del infinito".
Escrito por Lourdes Cacho Escudero

Me quedan

Me quedan cuarenta y nueve segundos de mi vida para no contarlos, me quedan instantes para pintar tu sexo donde nadie llegó, ser tu alma por los veinte segundos restantes, me queda nada para ser todo y ahora que lo soy, solo me queda empezar a vivir dentro de ti...
Escrito por Carlos Javier Ros García - Web

Ille et alii

Él era ávido. Una gran persona: tenaz, sofisticado, consecuente, perseverante, lúcido, considerado, impresionante, fugaz, intuitivo, sorprendente, hábil, generoso, cuidadoso, divertido, optimista, dulce, enérgico, empático, imaginativo, avispado, sagaz, equilibrado, atento, cauto, vehemente.

Todo un ejemplo. Pero ya era tarde, simplemente había pecado de exceso de inocencia. Nunca fue quien quiso ser.
Escrito por Imanol Landa

Sin despedidas

Excavé en un recodo de la inconsciencia y palpé un tesoro congelado en la memoria. Así despliego este papel amarillento que aún conserva algunos signos que logro comprender, para verlos posteriormente reflejados en los ojos que un día los verán arder: los tuyos. Tu carta de mentiras en mi regazo.
Escrito por Carlos Santos - Web

La herencia

Bien pudo, a su muerte, haberles dejado algunas propiedades inmobiliarias de valor. Unas sustanciosas cuentas bancarias, quizá. O, incluso, acciones empresariales de considerables réditos. Tal vez joyas, una colección de monedas o de sellos... Mas, lo que les dejó, fue un libro.

No supieron, lamentablemente, qué podían hacer con él.
Escrito por José Antonio Barrionuevo

Amor a la libertad

La niña dormía bajo la melodía de su madre. Sus manos pequeñas y arrugadas se alzaban mostrando un puño hacia los labios de la mujer. La ventana abierta, llena de esperanzas de que el amado entrara relatando a su hija cómo un día encerraron su vida por amar la libertad.
Escrito por Saioa Etxegia Eizagirre - Web

Amor a primera vista

Verla desde la ventana y quedar prendado de ella fue todo uno. Su rubia melena al viento, sus largas piernas, y ese azul intenso… ese segundo que clavó sus ojos en él.

Corrió a su encuentro escaleras abajo sin esperanzas. Sus sesos estaban desparramados por todo el patio de luces.
Escrito por Jose Díaz

Guerra

El soldado miró con desprecio el cadáver del enemigo. Levantó con odio su fusil y de un culatazo le aplastó el cráneo.

Más tarde unos perros se acercaron a comer los sesos y nosotros nos avergonzamos de pensar que, al menos ellos, habían encontrado algo que llevarse a la boca.
Escrito por Sandra Sánchez (Pulgacroft) - Web

Cuidar la salud

Después de treinta y siete años fumando más de dos cajetillas diarias decidió liberarse. Ya llevaba mes y medio sin fumar y cada día pensaba que dejarlo para siempre era pasarse un poco, en fin, algún cigarrito de vez en cuando nada más...

Cruzar sin mirar tampoco fue demasiado sano.
Escrito por Narión

El combate

Despertó el alba y estalló el silencio entonces. Escuchó los latidos de su corazón, asustados. Quedaban los rescoldos de varias hogueras en la colina. Comenzó a contar números sin sentido, con orden. Hasta que el primer zumbido de un mortero descuartizó el miedo. La tierra, paja seca en su boca.
Escrito por José Ángel Bermejo Urréchaga - Web

Efecto mariposa

Comentan que doña Jacinta se ha vuelto loca: arrancó los geranios de sus balcones, orgullo de su casa y envidia de las vecinas, y va por los jardines cazando mariposas, dice que para que no revoloteen.

Pobre doña Jacinta. Todavía ignoran que su único hijo ha emigrado a Nueva Zelanda.
Escrito por Lola Pacheco

Mensaje enviado

Al echar la carta en el buzón se dio cuenta de su error. Había olvidado lo más importante. Corrió al aeropuerto, tomó el primer vuelo y llamó a su puerta. Allí estaba ella, sorprendida. "Olvidé decirte que te quiero" dijo, y la besó. Dos días más tarde llegó el correo.
Escrito por Javier Juste - Web

Ella

No puedo vivir sin ella. La echo de menos, pero sé que no debo volver a verla ni a acercarle mis labios. Al principio, me hacía sentir genial, pero, poco a poco, convirtió mi vida en una tortura. Aun así quiero disfrutarla por última vez. Sí, aquí está: mi botella.
Escrito por Lorena Jiménez Justicia

El gendarme

Durante 28 años, el gendarme, al llegar a su casa en las tardes, castigaba a su mujer sin motivo, más que la ira apropiada a su padre. La mañana del 28 de agosto, él fue abatido por delincuentes en la salida de un banco. Ella lo lloró más que nadie.
Escrito por Daniel Morón

Vuelta de tuerca

Un espectro por las noches, entre gritos y apariciones repentinas, asola al escritor. El autor cansado de la vida miserable a la que es sometido por el espíritu, decide exorcizarlo y escribe un cuento breve y terrorífico; ahora en una aldea remota, el fantasma aterra a los personajes del cuento.
Escrito por Sergio F. S. Sixtos - Web

Aprendizaje

"Venga, ¡que tampoco puede ser tan difícil!", se dijo a sí mismo delante del folio virgen, presto con su bolígrafo de punta fina, ideal para sacar a relucir su ingenio más escondido.

Empezó a escribir. Fluía fácil el relato. ¡Ay!, pero no contó con que se le acabaran las palabras.
Escrito por Rafael Domingo Sánchez

Más fue nada

Si la hubiera visto correr sabría que su mirada seguía sus dudas. Sabría que su abrigo no podía quitarle el frío. Habría podido contar sus lágrimas silenciosas. Abrazar su perdón. Pero el valor no venció. No miró. Se perdió su futuro. Sin más preguntas ni más respuestas. Llegó la Nada.
Escrito por Bella Vicent

Conciencia perdida

Campaba a sus anchas por la casa. Repentinamente aparecía en el salón, detrás del televisor. A veces en el baño, junto al lavabo o el bidé. En la cocina, era infrecuente verla. Sí en el dormitorio, de noche, dándose importancia. Descubríamos entonces que, sin ella, éramos solo dos incógnitas extraviadas.
Escrito por José Antonio Barrionuevo