Cincuenta palabras tan solo
Arrugó otra y, furioso, la lanzó a la papelera, errando de nuevo. La enésima cuartilla que desechaba. Como todas las anteriores, quedaba también esparcida por el suelo. Cogió una más y comenzó a escribir y a enumerar los vocablos que fluían, ahora sin apenas esfuerzo, hasta poner aquel punto final.