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La estatua

El escultor logró otro premio. Su virtuosismo con el cincel era indiscutible. El realismo que mostraban esos cuerpos marmóreos estremecía.

Pero tras su ambición ocultaba su secreto. ¡Qué habilidad para inocular melancolía a sus modelos! Si miraban atrás, quedaban petrificados y surgía otra obra de arte... con sabor a sal.
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

El reloj mágico

Alguien le advirtió que en aquella extraña relojería recompraban tiempo mediante extrañas transacciones y pactos. ¡Vaya broma! Otro bulo vertido en internet. Pero, al fijarse en la pulsera que acababa de comprar, se estremeció.

Estaba anocheciendo y marcaba mediodía. En la esfera del reloj, sus agujas giraban en sentido contrario.
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

La ciudad acordonada

Me desperté a las cuatro de la mañana. El motor rugía en la otoñal madrugada. Vi la calle cortada al tráfico y acorralados los sospechosos gigantes.

Sigilosos, los operarios levantaban la alfombra de hojarasca con potentes chorros de viento. Si el alba no lo remediaba sería otra noche de insomnio.
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

Reincidencia

La confesión lo dejó perplejo.

—¿Sabes? He blanqueado dinero.
—¿Qué has dicho?
—Sí. Lavé el pantalón y en un bolsillo, por descuido, quedaron varios billetes de 20 euros.
—¿No están deteriorados, no los rechazarán?
—¡Qué va! Si ya los he lavado otras veces.
—¡Ay, madre! Peor todavía... Eso es reincidencia.
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

La herida infectada

Decidieron que la terapia aplicada, tratamiento con antibióticos de amplio espectro, facilitaría el desalojo.

Todos los órganos afectados por la bacteria recuperaban vitalidad.

Los vecinos, hartos del inquilino y favorables al desahucio del huésped, sufrían trastornos por su culpa, aunque, al parecer, sólo eran síntomas simulados para subir el alquiler.
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

Rompeolas

Un diagnóstico desolador: irás olvidando.

Ahora, buceando en internet, suena esa melodía que adorabas. Las noches de aquel verano, junto al mar, se iluminan en mi cabeza otoñal. Esos tres minutos de balada son fogonazos de aquella noche de San Juan.

¿Por qué no te atreves a recordar tanta felicidad?
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

La pureza del aire

La bandada de sinuosas bicicletas frenaba en la primera línea del semáforo. Su escolta la formaban coches eléctricos.

Sin contaminación, la ciudad presumía de amigable.

Esa mañana, Moussa ofrecía pañuelos de papel y limpiaba parabrisas, recibiendo una sonrisa, o un "no tengo suelto".

Ahora, en los semáforos se respira mejor.
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

Nuevo Imperio Galáctico

Año 2204. El Premio Nobel de Física lo obtiene una española: Isabel Reina.

Gracias a su innovadora teoría sobre viajes astrales, España logra catapultar una nave sideral más allá de la Vía Láctea.

Con la epopeya del galaxinauta Fernando Alegre, "alegramos" un nuevo mundo hasta los confines de Galaxia Alegría.
Escrito por Francisco Rubio Yepes

La terapia

El mayor avance científico se lograba, por fin, patentar. Detener el envejecimiento gracias a la teoría de Kant, sapere aude, atrévete a dudar, revolucionaba las terapias rejuvenecedoras.

La juventud dependía de la curiosidad y anhelos personales.

Desparecía la paradoja de cada primavera: nuestra vida se marchita y las rosas florecen.
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

El algoritmo

Año 2204. Habíamos perdido nuestra capacidad para decidir. Los informáticos habían logrado que los computadores se anticipasen a nuestros deseos. El poderoso Big Data, reencarnado en su hijo El Algoritmo, nos salvó privándonos del libre albedrío. Nuestras biografías eran códigos escritos antes de nacer, que se podían adquirir en internet.
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

La mudanza

Dejaba una década plagada de amigos y buenos momentos. Sabía que no podría trasladarlos en la mudanza.

Amontonó libros, enseres, muebles para ubicarlos en otra ciudad. Delante tenía nuevos retos, pero miró a su hijo pequeño por el retrovisor. Una lágrima resbalaba mientras gemía:

—Ya no veré a mi seño.
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Sin papeles

Mientras conducía palpó su bolsillo. "¡Mi cartera!". Descartaba un posible escamoteo.

Su cerebro, vertiginoso, elaboraba escenas de quebrantos y una fotografía mental de su última compra. Debía bloquear y denunciar.

'En busca de la cartera perdida', terminó dos horas después.

Una mujer telefoneó a su domicilio para devolverle el hallazgo.
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

Amor sin fronteras

Ella dio el primer paso. Él reaccionó como un velocista catapultándose sobre los tacos de salida. Contuvo su ímpetu por inseguridad. Después, instinto y corazón crearon un protocolo de amor. 

Disfrutaban recordando aquel primer encuentro como prodigio estadístico: el viaje del dardo de Cupido entre dos continentes. Después, se amaron.
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

Sin identidad

Empezaba a clarear cuando escuché sus sollozos. Caminé unos metros hasta ella. Entre lamentos preguntó:

—Pero, ¿quién soy yo? Acaricié su cara.

Susurré:

—Sólo ha sido una pesadilla.
—¿De verdad?

Estiré las sábanas, desmadejadas en su miedo, y se calmó.

Amargamente volví a mi cama. No dijo "gracias, hijo mío".
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Esclavizados

Recordaba conversaciones con sus padres sobre su futuro: "Conseguir un buen trabajo es la clave". 

Ahora aquellos tiempos quedaban lejos, su vida era fácil. Lo había conseguido. Gozaba de toda clase de caprichos, ninguna obligación le atenazaba.

Pero la mascota cibernética era un humano domesticado por el cíborg más avanzado.
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

El despertar

Confesaba ser una soñadora. En realidad, una soñadora despierta, acosada por el insomnio que mutaba las madrugadas en realidades paralelas que se desvanecían al alba.

Una noche notó que alguien besaba su nuca y acariciaba sus cabellos. Tan placentera sensación le permitía flotar entre las sábanas, hasta naufragar: vivía sola.
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La encrucijada

La esposa, sorprendida, le confesó:

—Pareces adoptado, no te pareces a tus padres. Bueno, físicamente sí, pero no en el carácter.

Él lo aceptó:

—¿Sabes? Creo que estoy en una encrucijada. Porque nuestros hijos tampoco se parecen a mí.

Ella lo tranquilizó:

—¡Bah, no te preocupes! Lo llaman brecha generacional.
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

El Gran Gatsby

La madrugada arrugaba la carretera y adormecía los reflejos del conductor. El acompañante le preguntó si quería turnarse, dar una cabezada. Estaba dispuesto a relevar al volante a su jefe.

Repentinamente, el accidente. Entonces el conductor recordó la película de El Gran Gatsby: "Ahora tú dirás que eras quien conducía".
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Sin final (senza fine)

"En el principio fue el verbo".

Le sugirieron una excedencia: tendría todo el tiempo para el ocio, sentiría el placer de no hacer nada. 

Comenzó con una primera palabra. Pensaba que se acercaba al final, pero no se daba cuenta. Decidió vivir cada segundo dejando en cada palabra su vida.
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

Vanidad por los suelos

Ayer tuve un combate contra el asfalto: me caí de la bicicleta. Naturalmente, lo perdí por puntos. Por suerte, no hubo puntos... de sutura. Pusieron un pedrusco en el arcén y la abrasiva caricia del pavimento me transformó en ecce homo. ¡Qué lástima que nadie lo grabara con su móvil!
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