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Y dos huevos duros

Un barquito de papel emprendió su travesía. Enrolaba nuevos grumetes y crecía, cada 50 olas, convertiéndose en bravo navío. Pronto llegará a puerto y descenderá la tripulación con su variopinto equipaje: gallinas, sombreros, plumas, tinta, lirismo, guitarras, libros, superhéroes, puertas, amaneceres, enhorabuenas, besos y abrazos.

Sonrío. Soy una de ellos.
Escrito por M. Carme Marí

Poner una vela y rezar

No podemos hacer más. Está en el hospital, malherido tras el impacto de una maceta caída del balcón. Sólo nos queda rezar al diablo para que se lo lleve. Ya le dije a Andrés que lanzaba el tiesto demasiado pronto. Mala hierba... No nos desharemos del jefe fácilmente. ¡Maldito cabrón!
Escrito por M. Carme Marí - Web

La fiesta de cumpleaños

En casa eran cinco hermanos, casi ni la veían. Sus "amigas" del instituto la dejaron de lado y reían las gracias a los imbéciles de turno que se metían con ella. Al cumplir 15 años decidió celebrarlo en una barca. Subió sola y empezó a remar. Todavía no ha vuelto.
Escrito por M. Carme Marí - Web

Mesa para cinco (Comensal #4)

En un extremo de la mesa, el sombrerero, la liebre y el lirón discuten si las mariquitas son rojas con puntos negros o negras con manchas rojas.

Absurdo, piensa Alicia mirando el reloj, y grita hacia fuera del relato:

—¡Te estamos esperando! ¡Diligente y veloz, ve delante de un espejo!
Escrito por M. Carme Marí - Web
Uno | Dos | Tres | Cuatro | Invitado | Cinco

La última cena

Fue la mejor comida de su vida. Al entrar en aquella sala repleta, enloqueció con los diferentes olores que lo hacían pasar de un plato a otro. ¡Menudo atracón!

Lástima que luego, de un manotazo, alguien lo aplastó contra la pared mientras con la otra mano no paraba de rascarse.
Escrito por M. Carme Marí - Web

Vida

Acabada la tormenta, bajo al parque cercano. El viento agita las ramas de los árboles y una fina lluvia improvisada me alcanza. Sonrío. Los pájaros entonan su melodía. Respiro el aire limpio, con inspiración profunda. El olor de tierra mojada me inunda por completo. Negativo, el resultado ha sido negativo.
Escrito por M. Carme Marí - Web

Positivo

Londres, 1974. Sigue lloviendo. La pequeña maleta sin deshacer en un rincón. Sobre la cama del hotel, una colcha descolorida. Sentada en el borde, Inés, con los ojos enrojecidos y el alma encogida, mira una y otra vez el resultado de la prueba. Todavía duda... ¿es la decisión correcta? Llora.
Escrito por M. Carme Marí - Web

Fin del mundo

En los marcos sobre la estantería del comedor seguimos sonriendo los tres. Éramos felices, a veces sin saberlo, otras con abrazos o carcajadas. Recuerdo cuando fuimos a despedir a Raúl, subían al autocar entre gritos, risas y empujones.

Yo tenía una familia: una mujer y un hijo. Hasta esa llamada.
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Ulises

Paseando por la gran ciudad, un hombre cayó desmayado en la acera. Los viandantes que lo presenciaron llamaron prestos:

—¡Un médico, rápido!

La ambulancia se acercaba a toda velocidad. Al oír la sirena despertó encandilado por su canto y supo que no necesitaba un doctor sino una cita con ella.
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El convulso mar de la adolescencia

Lentamente sus muñecas se hunden en el olvido. Las olas de la pubertad amenazan con la zozobra. Su edad es lucha diaria por seguir a flote.

Se agarra a una boya, Ernesto, que la arrastra a las profundidades: cigarrillos, alcohol, maría...

En una chalupa se acerca Inés remando con fuerza.
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Esperando una nueva primavera

Me dijo que, como un circo, debía renovar las atracciones. ¿Dónde quedó lo susurrado a la luz de la luna? Sus palabras temblaron cual funambulistas sobre un alambre que la rutina no sostiene, cayeron en tropel helando mis ilusiones.

El tiempo pasará despacio mientras sigue lloviendo en un largo invierno.
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Homeless

Soy un genio incomprendido. Con lo famoso que era... Ahora no puedo entrar en casa y me toca dormir en el parque. No quiero volver a verte nunca más, lámpara maldita, desaparece de mi vista. Me recuerdas constantemente cuánto he engordado desde que te frotaron y salí por última vez.
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Paso de peatones

Cruza con paso lento. Decenas de años le acompañan. El conductor que espera ignora que está ante un niño escondido de las bombas, unos ojos ilusionados por el sí de la Tomasa, unas manos agrietadas de trabajar la tierra, un abnegado padre de tres hijos y, ahora, una soledad inmensa.
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Capa de invisibilidad

Reúne 3 kg de timidez, un poco de acné juvenil y unas gafas gruesas. Mézclalo durante meses con cucharadas de amor por los libros y la ciencia, añade algo de torpeza junto a incapacidad comunicativa o tartamudeo. Verás como funciona. Al menos a mí nadie me ve en el instituto.
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Ménage à trois

Me gustaba él y su cuerpo lleno de tatuajes. Parecía llevar en la piel la historia de su vida, un mar de recuerdos grabados para siempre. Hasta que haciendo el amor vi cómo miraba a la chica del brazo derecho que con sus movimientos le lanzaba besos a cada envite.
Escrito por M. Carme Marí - Web

Signos de puntuación

Perdida mi admiración por ti después de tu punto y aparte, hoy recuerdo mis pequeños amoríos. Añadiré unos puntos suspensivos, indicando una continuación en el futuro, a ver si con suerte aparece quien me saque del estado de coma actual y así cerrar esta amarga soledad como un breve paréntesis.
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Anónimo hasta noviembre

Polizona

Semanas intensas, risas, miradas, infinitos besos.

Al final del verano la barca quedó varada en la arena y tú en mi memoria. Ya no quería navegar pues había zozobrado en tus últimas palabras: "Me gustan las travesías de poco calado con marineros. Para viajes de larga duración prefiero tierra firme".
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Lo que el tiempo se llevó

Un anciano pasea por un parque, descubriendo rincones con bonitas flores.

Dos manzanas más allá, un hombre con paso apresurado y la angustia pintada en el rostro recorre las calles.

A medio camino el viento arrastra una nota: "Papá, no te muevas de aquí. Vengo con el coche a recogerte".
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Consecuencias

El ratoncito Pérez ya no visita a los niños. Parece que al fin encontró un diente que encajaba en el hueco dejado por el que se le rompió.

Ahora los chicos están tristes. En la periferia, un grupo de preadolescentes organiza batidas para encontrarlo y saltarle un par de muelas.
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El hombre del hatillo (I)

Alzó el vuelo del nido familiar muy joven persiguiendo una malentendida libertad. Cuando sus compañeros de vida bohemia sentaron la cabeza él no pudo hacerlo, pues la había perdido por una mujer. Abandonado al alcohol y la soledad, acaba las noches en el parque apurando los restos del botellón juvenil.
Escrito por M. Carme Marí - Web
"Un hombre, un hatillo, tres relatillos": Uno | Dos | Tres