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Al atardecer

Azim lloraba. Picado varias veces por las avispas, parecía un Ecce homo. Le veía corretear, como si las carreras aplacaran su dolor.

Al atardecer llegaron los aviones, dispuestos como avispas a acribillarnos. Padre no llegó aquella noche, tampoco las que siguieron. Frente al fogón nos acurrucábamos: mamá, Azim, y yo.
Escrito por Carmen Hinojal

El culpable

—¿Debo decidir ya?

—Se marcha a Roma.

—Quizás me haya equivocado.

—Lo llevas grabado en el alma. Ya tengo la pistola. Mañana, antes del anochecer. Y no temas, señor Diputado. No saldrás en el periódico, ni nadie sabrá que, en el seminario, alguien te cerró los ojos a la inocencia.
Escrito por Carmen Hinojal

El País de Nunca Jamás

Cuando supo que la dulce Wendy le engañaba con el capitán Garfio, decidió acabar con su juego. Parecía increíble que la fiel Campanilla no le hubiera advertido del engaño. Imaginó cómo sería sobrevivir solo en el País de las Maravillas: tenía que olvidarla. Entonces, decidió que siempre sería Peter Pan.
Escrito por Carmen Hinojal

Al filo de la noticia

—¿Quién te espera agazapado? —pregunta el reportero.
—Un gato glotón.
—¿Qué quiere de ti?
—Comerme.
—¿Dónde podrás esconderte?
—En la nevera.
—¿Cuándo te va a comer?
—En cuanto se descuiden.
—¿Por qué te ha elegido a ti?
—Soy una rica salchicha.
—¿Cómo lo quiere hacer?
—Con uñas y con dientes.
Escrito por Carmen Hinojal

La escuela

A través del rojo del paraguas, el mundo deja de ser gris. Mariana y Juanita tiemblan de emoción al entrar. Los pupitres ahora son mesas para adultos. Las manos marchitas, por los muchos años de bregar, escriben temblorosas. Uno más uno son dos. Los recuerdos de tiempos pasados, cien mil.
Escrito por Carmen Hinojal

El muro

Venían de un lugar cercano. Ondulándose por los escorzos de las rocas. Entre una maraña escamosa quedaron atrapadas: el Muro Trenzado. Tras de él, la tierra fértil las esperaba. Muchas perecieron. Pero la masa envolvió el cuerpo de los guardianes. La unión de cientos de hormigas engulló a las serpientes.
Escrito por Carmen Hinojal

Caperucita Roja

—¿Dónde vas, Caperucita?
—Buscando El Destino.
—¿Quieres que te acompañe a casa de la abuela?

Golosa, me pide:

—¡Dame un beso!

Pero no es así el cuento: ¿qué hace una niña, de caperuza roja, con esos dientes tan afilados, relamiéndose de gula con la sangre que mana de mi cuello?
Escrito por Carmen Hinojal

El miedo

Entró sigiloso, acechante. Cubierto de pies a cabeza comencé a temblar. Olía a cabra, y a cuerno quemado. Arrastraba sus pezuñas por el suelo. Tenía que levantarme, o me llevaría con Él, al Infierno. Saltó sobre mí, ahogándome.

Tiramos los dos de las mantas. Y me lamió cariñoso las lágrimas.
Escrito por Carmen Hinojal
Anónimo hasta noviembre

Doble juego

La ruleta gira como una serpiente mordiendo su cola. El negro y el rojo se funden acariciados por la bola blanca. Aposté al 22, negro. Sale rojo e impar. La pistola cargada espera sobre la mesa. Todos me miran ansiosos.

Mi vida no vale el segundo final que le aguarda.
Escrito por Carmen Hinojal

La soledad

Faltaste aquella noche para darle cuerda al reloj, desde entonces aguarda callado tu regreso; dejaste sin conocer el final de la historia del libro, que con tanta emoción leías. El último cuadro, sin secar, con la falta de tu firma...

Una oscura carretera secundaria, la lluvia...

La soledad era esto.
Escrito por Carmen Hinojal

Reflejo

Nos miramos desde la cambiante lejanía. Haciendo los mismos gestos. Si respiro, inspira a la vez. Tengo que ganarle esta última carrera. Al sonar el disparo, miles de espejos se desplazan alargando el laberinto.

Cuando creo que he ganado, siento que he perdido. Sudorosas nos miramos. Alicia es mi reflejo.
Escrito por Carmen Hinojal

Ataduras

Corro. Huyo de ti. Me atan tus pies. ¡Quiero romper las cadenas! Como guardián el sol, taciturno al amanecer, implacable a medio día, compasivo de noche. No siento la liberación. Me atan la luz de la luna y las farolas. Quiero escapar, tener vida propia, no ser solamente: la sombra.
Escrito por Carmen Hinojal

Enamorado

Busca con la mirada hueco donde sentarse. Lo encuentra junto al vacío de la ventana mojada. Con el vaivén del Cercanías se amodorra.

La muchacha del pelo mojado de lluvia juega a enredarlo en el dedo, mientras mira el móvil. La contempla embobado: también esta noche ha soñado con ella.
Escrito por Carmen Hinojal

La feria

Perico daba vueltas con los ojos vendados.

 —¿Por qué le cubren los ojos, abuelito?
—Se marea, mi niña.

Subida sobre el lomo del burrito, mi infancia giraba en aquel carrusel.

El tiovivo del tiempo se llevó a mi abuelo, y al burrito. Pero cuando miro una feria aún soy feliz.
Escrito por Carmen Hinojal

El túnel

La tristeza llegó, como cada mañana. Un sentimiento de pesadumbre que arrastraba mi alma, con la fuerza de un huracán. Lo había perdido todo: las ganas de vivir, la esperanza. Ya no tenía fuerzas para luchar.

Vi el túnel de la muerte. Cerré los ojos. Y corrí hacia el resplandor.
Escrito por Carmen Hinojal

Mi mamita

—Péiname otra vez, mi mamita —me pedía caprichosa. Despacito trenzaba sus ralos cabellos.

—Píntame los labios—. ¡Como siempre, tan coqueta! A veces, deliraba.

Sentada en la cama, Rosaura gemía.

—Mamá, que venga mamá—. Se agarraba a la sábana, desolada.

Me parecía mentira, cien años cumpliría mañana, y todavía la necesitaba.
Escrito por Carmen Hinojal

Botones

Ya nunca veré la cara amable de la anciana vendedora. Ni en el escaparate las sartas de botones, que desde niña tanto me gustaban. La tienda no tiene quién la abra, encienda la luz, y coloque el muestrario.

Esta mañana había un cartel: SE TRASPASA O SE VENDE, POR DEFUNCIÓN.
Escrito por Carmen Hinojal

El monstruo

Rasgó la carta.

—Tengo que llevaros con el monstruo.

Tiró de nosotros, enrabietada. Mi hermanita lloraba. Bajamos del coche, temblorosos y asustados.

—¡Aquí los tienes, tú ganas, cabrón! Custodia compartida.

Siempre habíamos vivido con ella. Susi no le recordaba.

Sabía que era nuestro padre, y nos quería. Mamá nos mintió.
Escrito por Carmen Hinojal

La de la mochila azul

Corren. El pequeño se detiene, le aprieta el zapato.

—Corre—le grita— ¡van a cerrar!

Ella ya está allí. La mira sofocado.

—¿Es la que te gusta?
—Sí, la de la mochila azul.

Su hermano le pisa y le da un empujón. Sin poderlo evitar le roza torpemente los labios.
Escrito por Carmen Hinojal

Jara

El camino estaba tenuemente iluminado, no paraba de llover. Acababa de enterrar a Jara.

Le sorprendió verla aparecer. Tenía el pelaje embarrado y sanguinolento, y todavía conservaba el collar.

Aulló desesperada una caricia. No podía dejarla entrar. Bajó su mirada y arrancó el coche. Cobardemente se perdió en la lejanía.
Escrito por Carmen Hinojal

Simiente

Llega cada mañana al borde del camino y las esparce con calma. Dicen que está loco de atar. ¡Nada va a nacer de guijarros! Pero él, erre que erre, sigue empeñado en que así ha de ser. No deja de creer que nacerá un castillo del vientre de la tierra.
Escrito por Carmen Hinojal

Azul

Hoy no hay barcas que crucen la línea del horizonte. Se pasa el día dormitando, y pensando, y recordando a aquellos que con él partieron y ya nunca regresarán. Azul era el vestido de Mara; azul, su lazo del pelo. Azul era su rostro cuando se la devolvió el mar.
Escrito por Carmen Hinojal

La presa

Aguardo escondido entre la maleza a que salga. La espero arañando la noche. Tengo todo el tiempo de la vida para atraparla. Ella será mi mayor trofeo. Pero sabe muy bien camuflarse, porque a veces es etérea, esquiva. Conoce bien los rincones ocultos. ¡Ya cuelgas insolente del cielo!: radiante plenilunio.
Escrito por Carmen Hinojal
(Anónimo hasta febrero)