La primera noche del emigrante (I)

Envió un SMS a casa y colocó su figura de Star Wars sobre la mesilla. Una potente luz de laboratorio iluminaba el pequeño estudio, dominado por muebles IKEA. Por la ventana, desde un patio interior, asomaba el llanto de un niño.

Lo fió todo a la serena mirada de Yoda.
Escrito por Álex Garaizar
Parte I | Parte II | Parte III

Paraísos perdidos

Ella quería volver una última vez a La Concha y yo solo podía pensar en cómo iba a pagar aquello, tanto que el técnico tuvo que repetirme la pregunta: "Sí, incluya la función de tacto", respondí finalmente. Entonces, tras el cristal, mamá comenzó a recoger arena de entre las sábanas.
Escrito por Asier Susaeta - Web

Vuela

Inspira. Despacio, muy despacio sigue andando por la acera que huele a antiguo. Nota el calor del sol, nota las cosquillas del viento en su cara, escucha su pasos cada vez más firmes. Inspira. Ya no hay lagrimas en sus ojos, sólo un ligero sabor amargo en los labios. Sonríe.
Escrito por Lau

Compañeros

La semana pasada le robaron el móvil. Anteayer se divirtieron rompiéndole las gafas. Desde el suelo, como un pájaro herido, suplicó silenciosamente ayuda con sus ojos miopes pero pasamos de largo. Hoy, en la capilla del colegio, delante del pequeño ataúd, somos nosotros los que llorando nos esquivamos la mirada.
Escrito por Manuel Menéndez Miranda

Desde Rusia con amor

Cuando entré por primera vez en el establecimiento, me llamó la atención su soledad. Se lo comenté a mi hija, y fuimos de la mano a rescatarla. La matrioska pasó de estar en la tienda de segunda mano a una abigarrada habitación infantil.

Mi hija dice que allí es feliz.
Escrito por Amelia

Querida amiga

¡Querida amiga, ya sabes que las mujeres tenemos que ser fieles y sumisas ante nuestros maridos! Ellos son los que nos dan el sustento y el apoyo constantes y a ellos nos debemos. No dejes de complacerle en todo momento.

Tuya siempre,

Elena Francis.

...Y la radio comenzó a arder.
Escrito por Iñaki Ferreras - Web

Náufragos del más allá

En los dos meses que llevo atrapado en esta maldita isla desierta, ya han aparecido flotando en la orilla veintisiete botellas con sus respectivos mensajes en el interior. Si echamos las cuentas, sale casi a una botella cada dos días. Los mensajes son explícitos: que vaya a rescatarlos, me escriben.
Escrito por José Manuel Dorrego Sáenz - Web
Elegido mejor relato de junio de 2017

Sin nombre. Sin título

Tildándolo de mentiroso, ruin y enfermo, provocó en él los más negros de sus días.

Ese negro volvió a su favor, decidiendo enlutarse a sí mismo, quitándose la vida.

Ahora, él te sigue a ti. Te acosa. Su sombra te habla y te coacciona, siempre que piensas en su nombre.
Escrito por Nimrod

Esperando diagnóstico

Que infamia, se quedó mirándome, explorándome por dentro, mordiendo mi labio entregado, nunca pude escapar, fue tan impresionante que sus dientes afilados traspasaban mi pequeña lengua. Luego supe que la pasión de sus besos era sanguínea. Sigo incrédulo de su placer. El médico todavía no descarta contaminación vampírica por beso.
Escrito por Edwin Antonio Gaona Salinas - Web

El emulo

Abdul Yarameh, único y absoluto conquistador de Mauritania y, quizás, el más grande admirador de Atila, rey de los Hunos, jamás extendió su imperio más allá de los límites del desierto del Sahara. De esa manera, se aseguró de que, donde pisara su caballo, tampoco volviera a crecer el césped.
Escrito por Alejandro Guarino - Web

Crisis

Tras pasar más de una semana sentado frente a mi cuaderno de notas, y no haber sido capaz de escribir una sola palabra de mi nuevo libro, comencé a pasar de una en una las hojas en blanco, hasta llegar a la última página, en la que escribí maquinalmente "FIN".
Escrito por Crispín - Web

Furiosa

Miren. Estoy harta. Apenas comienzo a cantar, aparecen media docena de marineros. A la primera estrofa, ya los tengo encima. No sé de dónde salen. Ni siquiera me dejan terminar la canción. Me ponen furiosa. Normal que los mate. ¿Es que una sirena no tiene derecho a cantar en paz?
Escrito por Plácido Romero - Twitter

Instrucciones para escribir un microrrelato de cincuenta palabras justas

Tome las veintisiete letras del alfabeto y extiéndalas delicadamente sobre una hoja en blanco.

Combínelas acertadamente. Comience con una ingeniosa frase introductoria, prosiga con cadencioso ritmo e introduzca algunas figuras literarias, aderezadas con una novedosa trama narrativa y un final inesperado.

Al terminar, siéntese cómodamente y espere la ovación general.
Escrito por Daniel Castillo

'Candinsky'

De un salto le arrebató el pincel salpicando de garabatos el lienzo desnudo que su dueño había dejado sobre el suelo. Los transportistas de la galería, que lo cargaron con el resto de obras del pintor, y el aplauso unánime de los críticos hicieron de su perro un artista emergente.
Escrito por Macarena Fernández

( )

"¿Y si no tuviera nada que decir...?".

Enfrentado al deseo de expresar una situación imaginada, plausible o no, el autor fue invadido por dudas en vez de por musas. Su desesperación creativa lo llevó al borde del ventanal abierto.

Con sosiego, dejó el título en blanco, y avanzó un paso...
Escrito por Rafael Domingo Sánchez - Twitter

El día después

No soporto este mundo plagado de injusticias. Observo cómo la degradación de la especie humana nos conduce a un camino sin retorno, alejado de la voluntad divina.

La inocencia infantil no exculpa del pecado. Conseguiré que pidan perdón. Los hijos de los herejes ya no ríen. Están muertos, como yo.
Escrito por Fernando da Casa - Web

Noche de terror

Noche de tormenta. Asustada por los truenos y relámpagos, decidí irme a la cama. En ese instante, una brisa gélida invadió la habitación.

"No puedo dormir", me dijo al oído mientras se metía en la cama conmigo y me abrazaba. Desperté sobresaltada, junto al vestido con el que fue enterrada.
Escrito por Belén Sánchez Sánchez

Cuando se impone la sinrazón

La sinrazón se presentó sin avisar, en forma de un atroz crimen.

Guiado por el fanatismo, el terrorista destrozó las vidas de unos inocentes cuando, emocionados, asistían al concierto de su ídolo.

Y los dejó marcados por un miedo y un dolor que les acompañará el resto de sus días.
Escrito por Gloria Arcos Lado

Celtar (I)

En el museo de Celtar, los visitantes vienen y van, como en una procesión. De pronto, el silencio es roto por una voz áspera: "Y pensar que ese era nuestro hogar".

A través de un marco se ve una masa amorfa e incandescente y debajo se puede leer: Planeta Tierra.
Escrito por Giancarlo Ubillus - Twitter
Parte I | Parte II | Parte III

Mentirosa

—Usted es mi dueño. Con las opciones de configuración podrá personalizarme enteramente a su gusto. Sólo espero contribuir a su bienestar y felicidad.

Desilusionado, la apagó y la regresó a la caja. El vendedor jamás le había advertido que, además de bellas e inteligentes, eran tan mentirosas como las humanas.
Escrito por Silvina Palmiero - Twitter

El hombre del hatillo (III)

Al final, convenció al diablo y modificaron su pacto: en lugar de entregarle su alma, una vez al año le proporcionaría los sueños de un inocente.

Hoy es el día. Entre los jóvenes que hacen botellón, una muchacha acepta la pastilla que le ofrece ese chico que tanto le gusta.
Escrito por Carles Quílez - Web
"Un hombre, un hatillo, tres relatillos": Uno | Dos | Tres

Placer prestado

En la fila, bien erguidos, sacan pecho intentando mostrarse atractivos. La mujer pasea de un lado a otro escrutándolos. Los analiza detenidamente y a algunos de ellos, incluso, los mira por detrás.

Por fin, lleva al elegido hacia la puerta donde, en tinta azul, le estampan la fecha de devolución.
Escrito por Ignacio Urtiaga - Twitter

La innombrable

Volvió a mirarse al espejo una vez más. No era la belleza de entonces, pero guardaba el encanto que la hizo única. Ni esposa, ni madre. Muchas veces amante. Odiada, deseada. Sin remordimientos del pasado. Sabía lo que pensaban de ella...

No importaba. De llamativo rojo, bajó a la calle.
Escrito por Fina Yélamos

El hombre del hatillo (II)

Siempre había destacado por su lealtad y honestidad. No lo dudó cuando le pidió ser su fiador. Pero no tuvo en cuenta los antecedentes financieros de su amigo y ahora le cuesta vivir solo cerca de la Sagrada Familia, mendigando una copa de vino para olvidar el día que firmó.
Escrito por Mati
"Un hombre, un hatillo, tres relatillos": Uno | Dos | Tres

Némesis

Se puso frente al espejo humeante. Incómodo, comenzó a injuriar al que estaba del otro lado. Llegó a sentir tanta cólera que fue por un martillo y, sin compasión, lo descargó contra su némesis. Sólo al ver los pedazos rotos en el suelo se sintió satisfecho y con paz interior.
Escrito por Andrés Galindo - Web

Dios ya no juega a los dados (Relatos cúbicos II)

El astrofísico observaba atónito por el telescopio. Su teoría de dividir las nebulosas en seis colores fundamentales había sido rechazada. Pero, ahora, parecía que las galaxias, lentamente, se estaban agrupando por color; como si Dios jugara...

Encontraron al científico completamente chiflado y carcajeando con un cubo rubik en la mano.
Escrito por Jean Durand - Web
Parte I | Parte II | Parte III

El hombre del hatillo (I)

Alzó el vuelo del nido familiar muy joven persiguiendo una malentendida libertad. Cuando sus compañeros de vida bohemia sentaron la cabeza él no pudo hacerlo, pues la había perdido por una mujer. Abandonado al alcohol y la soledad, acaba las noches en el parque apurando los restos del botellón juvenil.
Escrito por M. Carme Marí - Web
"Un hombre, un hatillo, tres relatillos": Uno | Dos | Tres

Pinocho juega a la Ballena Azul

Tras esquivar los afiliados dientes, llegó al primer estómago en donde los jugos gástricos empezaron a corroer la madera.

Ser tragado por una ballena azul fue el último de sus cincuenta retos. No pudo compartirlo con Pepito Grillo, pues él terminó su juego entrando en una ciénaga plagada de batracios.
Escrito por Perraka - Twitter

El mejor poema

Como todo poeta, sacó su pluma y empezó a escribir versos. Algo lo detuvo.

Al voltear su rostro vio detrás de sí a un ser que empezó a susurrarle palabras al oído.

Cuando terminó de escribirlas, la muerte lo besó con pasión y alevosía. Ese había sido su último poema.
Escrito por Diani

Perdido en la trama

Apenas esbozado el planteamiento, el escritor se sintió vacío y abocado a un nudo gordiano. El presunto asesino, libre del corsé argumental, incubaba un creciente deseo de matar al padre. Pero el escritor reaccionó, justo a tiempo de desarmarlo. Ya en vena, se deshizo de él en un desenlace fatal.
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web

Última voluntad

Con la noche como aliada y la soledad de testigo, se encaminó hacia lo desconocido. En su hatillo, esquirlas de caducos sueños por salvoconducto. La hallaron en la frontera entre ambos mundos con la esperanza aún dibujada en su rostro y una mirada de súplica que acudió en su auxilio.
Escrito por FNR

El ojo de vidrio

Tan pronto abrió los párpados, miró a su alrededor y dio un salto en la incómoda camilla. Horrorizado por lo que veía, pegó un terrible grito y, llevándose ambas manos a su ojo izquierdo, le rogó histéricamente al doctor que le quitara, rápido, ese maldito ojo de su cavidad ocular.
Escrito por Sir Helder Amos - Web

Estatua de mujer terca

—Yo me quiero dar vuelta.
—Quédate así, mujer. No te des vuelta.
—Te digo que tengo ganas de darme vuelta.
—¡Quédate así, por favor te lo pido!
—¡Y yo te digo que me quiero dar vuelta! Después de todo, Lot... ¿qué me puede pasar por mirar cómo se destruye Sodoma?
Escrito por Rubén Faustino Cabrera - Twitter

Nacido para reinar

Adolecía de las más elementales maneras y cualidades para convivir, logrando siempre así oprimir a los demás. Era el rey absoluto de la mentira, el emperador adulador, el príncipe perverso, hasta el día en que quiso pasar por vasallo y olvidó quitarse la lustrada corona; pero tampoco sabía cómo hacerlo.
Escrito por Antonio Ortuño Casas

Quimera VI

La falta de contacto visual con otros, junto con esa enrevesada postura, lo acercó a la evitada realidad. Aquel miedo de acarrear un cuerpo fatigado adelantó al cuerpo y la mente a envejecer prematuramente. Donde el cuerpo curvado se acercaba a la tierra y la mente a reminiscencias ya clasificadas.
Escrito por Anna Espelta del Castillo - Twitter

La bronca

—El trabajo de Cien años de soledad. Todo lleno de anotaciones en rojo. Un cinco pelado. Y hace falta un seis para aprobar. Has confundido a los Aurelianos con los José Arcadios —dice Borja furioso—. Tienes que esforzarte más. ¡Jolín, mamá, me vas a fastidiar la entrada a la Universidad!
Escrito por Carmen Cano - Twitter

Una fracción de segundo

Despertar era lo peor. O más bien el paso del sueño a la vigilia, cuando tomaba consciencia de lo ocurrido y la magnitud de su desgracia la aplastaba. Después la vida seguía, cada día tenía su propio afán, y hasta la mañana siguiente, el presente hacía más llevadero su pasado.
Escrito por Aurora Baeza

Herencia de sangre

Al regresar al hogar, pensándose a salvo, no guarda bien el arma aún caliente y la deja ahí, de manera descuidada. Otra vez ha cumplido con lo que considera su trabajo sin experimentar la menor culpa.

—¡Hijo de tigre! —alcanza a decir, antes de que su pequeño vástago lo ultime.
Escrito por Luciano Doti - Twitter

Secreto de familia

Nuestro pacharán siempre ha sido excelente; su receta, el secreto mejor guardado. Año tras año, la cosecha es insuperable.

Desconocen que, además de un buen anisado y endrinas recolectadas en octubre, contiene la esencia familiar morando bajo las espinas. Es el precio que, a cada generación, nos reclama la tierra.
Escrito por Pilar Alejos Martínez - Web

Intempestivamente

—En diez minutos estoy en casa, mi amor —dice Luis a su mujer en un mensaje con besos y guiños cómplices.

Apenas un segundo después, ella se levanta del sofá, toma una ducha, se perfuma y se tumba desnuda sobre la cama.

—Creo —dice— que he perdido el móvil, Ricardo.
Escrito por Enrique Mochón Romera - Twitter

Culpable

Lo encontraron al amanecer, junto a la vía del tren, con la única compañía de una botella de licor y las cenizas de un cigarrillo sin fumar.

Lo encontraron junto a una nota a medio escribir, tal vez una despedida, abandonado a su suerte. 

Encontraron una sola culpable: la soledad.
Escrito por María José Moreno

El canto de los pájaros

Cuentan que en una lejana aldea, entre frondosos montes y ríos bravos, un artesano desperdició la vida obcecado en fabricar una caja de música que imitara el sin par canto de los pájaros, sin comprender que para escuchar el canto de los pájaros le bastaba sólo con abrir la ventana.
Escrito por Luis Goróstegui - Twitter

Las llaves (En el fondo II)

Arrastrada por una marea voluntaria, fue absorbida por el fango. Supo de inmediato que había tocado fondo, abandonándose hasta quedar vacía, llegando incluso a sentirse cómoda en aquel abismo.

Mas el destino, cómplice con un cúmulo de estrellas, iluminó su camino, confiándole todas las claves que le ayudarían a subir.
Escrito por Malu
Parte I | Parte II | Parte III

Vanidad por los suelos

Ayer tuve un combate contra el asfalto: me caí de la bicicleta. Naturalmente, lo perdí por puntos. Por suerte, no hubo puntos... de sutura. Pusieron un pedrusco en el arcén y la abrasiva caricia del pavimento me transformó en ecce homo. ¡Qué lástima que nadie lo grabara con su móvil!
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

La eterna pugna

¡Déjala ir! ¡Es caso perdido! Incluso salvándola hoy, morirá mañana. Estás cansado, tu dolor es más fuerte que el suyo, ¡déjala y ve a casa con tu familia! Sólo prolongas la agonía, la de ella y la tuya. 

¡Sal de aquí, muerte! No te la llevarás, no en mi guardia.
Escrito por Pedro Fernández - Facebook

Ángel exterminador

Entró sigilosamente en la habitación. La madre descansaba exhausta tras el parto. El neonato dormía angelicalmente. Con un almohadón, alargó su sueño eternamente. De vuelta a la máquina del tiempo, tachó el nombre de Adolf de la lista, y puso rumbo a Riad el 10/03/1957. Evitaría como fuese el 11-S.
Escrito por Stbn

Silencioteca

Después del ensordecedor trabajo acude a una sesión de silencioterapia. Pero desde que ella también asiste, colmando la sala de una callada voluptuosidad, su corazón pulsa fragoroso cual tambor, perturbando el sosiego de su silente paraíso.

No sabe a quién reclamar: si al local, a ella, o a su corazón.
Escrito por Juana Mª Igarreta Egúzquiza - Web

Sus efectos. No defectos

Tú y yo no nos entenderemos nunca, le dice. Cada vez estoy más convencido de ello. Efecto: "rebote". Es una descreída, además de coqueta. Efecto: "flecha". Retira la palabra por algún hecho sin sentido, al menos para los que están alrededor. Efecto: "diana". Alcanza su nivel de incompetencia. Según Peter.
Escrito por Carmen Martínez Marín - Web

Microcuento kafkiano para leer entre Ópera y Sol

Incapaz de soportar su aspecto, Gregor Samsa se arrojó a las vías del Metro cuando llegaba un tren. Tras el impacto, el traje de Josef K., que estaba en el andén, se manchó de quitina. Al verlo, pensó en ir a cambiarse, pues así no podía aparecer ante el tribunal.
Escrito por Enrique Angulo - Twitter

Conexión intergaláctica (Trilogía de las estrellas 2050 II)

Cinco días viajando a la velocidad de la luz.

Celebramos el 78 cumpleaños de mi hijo. Mi esposa, criogenizada hace tres días (Tiempo Planetario, 42 años), también asistió, materializada en imagen holográfica de su espectro vital.

Fue emocionante conocer en directo a nuestro nieto; tiene, ahora, mi misma edad, cincuenta.
Escrito por Manuel Bocanegra - Web
Parte I | Parte II

Mejora profesional

Tras pasar veinte años en prisión, por robar en una decena de bancos, cumplió su pena; sentía que había aprendido la lección.

Cinco días después... en una sede cualquiera:

—Vengo apuntarme a vuestro partido, tengo experiencia y siento que es mi lugar.
—Se le ve motivado, tenga usted su carnet.
Escrito por Rubén José Huertas Rojo - Web

Dualidad

Recostada en la memoria, pertrechada entre las sombras, al límite del recuerdo esboza una sonrisa. Digna y sencilla olvida y camufla todo aquello que fue para sentir, transformando el sentido de cuanto conoció, diluyendo realidades paralelas al ritmo de fugaces centelleos y delicados susurros. 

Abre los ojos consciente de todo.
Escrito por Dolar

Ahogado en silencio

"Te prometo que esto jamás volverá a suceder. Estaba muy nervioso", murmuraba él entre dientes, obteniendo como única respuesta el pálido eco de su propia voz. Ella se había ido, cansada de tanto maltrato, dejándolo a merced de ese silencio que él trató de ahogar a base de feroces gritos.
Escrito por Patricia J. Dorantes - Facebook

Paradojas

Un individuo aguarda mi respuesta. Espera que le diga lo que quiero. Lo que quiero yo, que lo he tenido todo: fortuna, amores, poder... ¡Pero si era a mí a quien venían siempre a suplicar!, y ahora, al final —¡qué cosas!—, viene a preguntarme por mi última voluntad.
Escrito por Rafa Olivares - Web

El bollo

"Sí, dijo doscientos gramos de mantequilla en pomada. Tengo que incorporarla de una vez a la masa y batirlo todo bien. Añadiré una pizquita de sal para realzar el sabor. Ah, y anís y ralladura de limón. Va a estar de muerte... ¿Eh?".

—¡Que si aceptas a Armando como esposo!
Escrito por Jesús Garabato Rodríguez

Barras y estrellas

Miau, miau; miau, miau, miauuu...; marramiau, marramiauuu...; requetemiau, requetemiauuu...

Estas notas cantarinas a ritmo de "Barras y estrellas" son los saludos de los dos gatos. El siamés Sar y la persa Dina, haciendo coro, despiertan por las mañanas y dan los buenos días a la soledad de su ama Olvido.
Escrito por María Jesús Briones Arreba

Mi vida muerta

Lo más sorprendente es la sensación de bienestar, tan nueva e inesperada. He dejado de mortificarme, de preguntarme qué piensas. Ahora me interesan pequeños detalles: la belleza de este cielo rojo o la curiosidad por descubrir a qué sabrá el interior de tu cabeza. Sonrío y sigo a los demás.
Escrito por Patricia Richmond - Web

Te hablarán de mí

Estas palabras que grabo son para ti.

Espero que tu madre, que aún te lleva dentro, conozca a un buen hombre.

Un meteorito descomunal se dirige hacia nuestro planeta. El cohete lleno de explosivos necesitaba un piloto. Me presté voluntario para que tuvieras una vida. Te esperaré en la otra.
Escrito por Ángel Saiz Mora

La gran batalla

Los dilemas le dolían. Paula necesitaba negar un cáncer que la había visitado. Su mundo se había estropeado. Una pequeña silueta de lucha apareció y comenzó a sentirse guerrera y combatió incansable. Años después destronó aquella, su enfermedad. El mundo volvió a acariciarla. Se había reconvertido en Paula la invencible.
Escrito por Amadeo

Tiempos austeros

Los dispuso en fila india, sin importarle sexo ni edad, hasta conformar una de siete, arbitrariamente elegidos entre los presentes. Disparó al primero, penetrando la bala hasta el quinto. A los demás, rostro demudado, les ordenó:

—¡¡De cinco en cinco!!

La escasez de munición, decía, le había hecho un economicista.
Escrito por José Antonio Barrionuevo - Twitter

El imposible olvido

Años después, coincidieron en un funeral. Ella ocultaba en el bolso su orgullo y algunos sobres arrugados. “¿Sabes quién soy?”, preguntó cohibida. Él, dolido, contestó que no la recordaba, pero que aún conservaba la nota en la que le rogaba que la olvidara y que no le escribiera más cartas.
Escrito por María José Escudero

Transformación

Un susurro de carboncillo dejaba marcas en el blanco inmaculado del lienzo. La modelo permanecía inmóvil. Su rostro reflejaba una serenidad absoluta en el silencio del estudio.

De pronto, el pintor apreció un destello en aquella mirada.

La joven exclamó: "¡Coño!".

Al salir de casa, había olvidado apagar el fuego.
Escrito por Salvador Pérez Salas - Twitter

El adiós

Restos de lágrimas en las mejillas. Se querían mucho pero se terminó. La vida al pasar obliga, dirige, estropea, tuerce, deshace hasta las relaciones más idílicas. Él le pidió un último beso, recordando el primero, furtivo, cinco años atrás y, al notar un dolor inmenso, descubrió dónde tenía el alma.
Escrito por Jesús Manzaneque Fraile

Turno de noche

Se asomó por la ventana y los primeros rayos saludaron a sus cincuenta primaveras. Nunca le emocionaron los amaneceres.

Treinta años tras la muerte de su padrastro. De aquel infierno, recordaba instantes felices en los que el sol caía. Noches tranquilas, sin las manos de aquel indeseable sobre su piel.
Escrito por Carmen Martagón E. - Twitter

Abandono

Te dije muchas veces que llorarías mi marcha. Me despreciaste tantas veces... Pero soy yo quien te abandona definitivamente, y tus lágrimas y gritos no cesan. Ayer me colmaste de besos desesperados. Pero no hay marcha atrás. Te dejo. Solo la sonrisa de tu amante junto al ataúd me inquieta.
Escrito por Javier Pintor

Desde hace tanto tiempo...

La magia no consiste en distraer la atención y engañar. Yo lo supe cuando me perdí entre el guiñar de los semáforos y una vida de niebla y prisa. Surgió de pronto y sacó de la chistera felicidad, sin trampa ni cartón, solo con tocarme; las pequeñas manos de Ángela.
Escrito por Miguel Ibáñez

El pequeño secreto

Lo guardó en el bolso intentando recordar cuánto había visto. Mirándome a los ojos, salió del tren.

La seguí hasta la última hoja del calendario y, mientras la ayudaba a descansar, le pregunté:

¿Qué escondiste aquel día?

Ella me mostró el pequeño espejo.

En él te vi por primera vez.
Escrito por Gil Hernando de Santiago - Web

A caballo regalado

Catalino Mustieles era un tipo muy insensato. Tan insensato que, haciendo caso omiso al dicho, cuando le regalaron un caballo examinó su dentadura. A partir de entonces su imprudencia trastocó en desfachatez; ahora exhibe orgulloso, como si de un importante trofeo se tratara, el muñón que remata su brazo izquierdo.
Escrito por Rafa Sastre - Web

Cita en la 410

Habíais quedado allí. Quisiste que te acompañase. Aunque siempre la deseaste, tenías miedo a encontrarte con ella. Cuando por fin os abrazasteis, tu sonrisa lo iluminó todo.

Te besé. Guardé tus recuerdos junto con mis lágrimas, allí, donde el olvido nunca pueda arrancarlos. Y te dejé marchar para siempre, mamá.
Escrito por Javier Puchades - Web

Un angelico muy listo

Vivía prácticamente en la calle. Por allí correteaba a sus anchas, con la carita llena de churretes, de mocos secos. Una tarde se me partió el corazón y lo llevé a casa a merendar. Tras ese día no volví a verle. Tampoco volví a ver las joyas de la abuela.
Escrito por María José Sánchez

Un juego estupendo

Entran despidiéndose de sus padres. Llenos de expectativas, mentes esponjosas y ojos abiertos como platos. Unos lloran, otros ríen... pero todos están nerviosos.

Aún no nos conocemos pero hoy, después de colocar sus libros, sólo intentaré decirles que la vida es maravillosa y que soy feliz de jugar a aprender.
Escrito por Enrique Caño

Exención económica

Ahorcado por las deudas, pedí ayuda. Nadie escuchó mi súplica.

Supuse que el préstamo nunca llegaría, así que decidí liberarme: me arrojé por la ventana desde el piso de la dirección.

Ahora, lo que me preocupa es qué hacer con este tiempo que sobra antes de golpear contra la acera.
Escrito por Cristopher Josué Escamilla Arrieta - Twitter

Copia extra de amor

Preciosa con su bata blanca, podía escucharla tras el cristal enseñando a sus alumnos.

Era su cumpleaños y quería invitarla a comer. ¡Qué orgulloso se sentía de ella! Y qué culpable por las lágrimas que derramó en su nacimiento. Lo supo después, ese cromosoma dividido... fue mucho más que amor.
Escrito por Galilea - Twitter

Único tripulante

Las ocho. Suena el despertador. A oscuras me levanto, y acercándome a la ventana subo el estor procurando que la luz matutina no me ciegue, pero en lugar de un resplandor hay un arrecife de coral por donde asoma una y otra vez un pez olvidadizo. Hoy tampoco me rescatarán...
Escrito por Olga

Emilia y yo

Aferrándose a la vida y a mi mano, al oído le canté "Pequeñas cosas", de Serrat. Su labios dibujaron una sonrisa.

Miré hacia atrás, para que no viera mis lágrimas, noté su mano más fuertemente.

Horas después su sonrisa desapareció para siempre y a mí se me secaron los ojos
Escrito por Ismael González Martín

Adagio

Me tenía atrapado en sus manos. Mis alas estaban inmovilizadas entre sus dedos. El corazón me latía desbocado, como queriendo escapar por mi pico tembloroso.

Angustiado, miré al cielo y vi un centenar de mis congéneres volando. Recordé el maldito refrán y comprendí que era el fin de mi libertad.
Escrito por Isidro Moreno Carrascosa - Web

Prefigurando a Seth

—De aquellos polvos, estos lodos —díjole Eva a Adán señalando con el dedo a Caín.

—Te deseo esta noche.

Adán comenzó a aventar el aire, harto de tanta calina. No sabía por qué. La imagen mental del barro le causaba espanto. Se le encajaba un dolor atávico en el costado.
Escrito por Dipandra - Web

Morir de risa

La cosa no pinta bien. Por la noche, pesadillas. La leche del desayuno, cortada. El bus que se escapa y me duele una muela. Llamo a mi novia, no coge. El sudoku no sale. Diluvia y yo sin paraguas...

No sigo, no puedo: acabo de sufrir un ataque de risa.
Escrito por Carmelo Carrascal

La última carga (Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis: Guerra)

Relegados de sus ancestrales tierras, el anciano piel roja, sentado, observaba a su diezmado pueblo: niños taciturnos, mujeres desubicadas aguardando el regreso de los hombres con la caza.

"Una paz imperiosa", rumiaba con resignación, cuando su rostro palideció ante aquella nube de polvo aproximándose al galope, espoleada por una corneta.
Escrito por Antonio Bolant - Twitter
Peste | Guerra | Hambre | Muerte

Escapada al cine

Las luces palidecen hasta apagarse. María se acomoda en la butaca, feliz, ansiosa de internarse en mundos románticos, glamurosos, divertidos.

Más tarde, inevitablemente, aparecerá THE END, las luces y la realidad volverán y una vez más, obstinadamente, bajo su piel de melocotón el nudo de su estómago volverá a apretarse.
Escrito por Georges

Objetivo cambiado

Avanzábamos en fila, con el frío metido en el cuerpo y en silencio. El ruido de nuestros pasos arrastrando los pies era el único sonido que se oía aquella mañana de invierno.

De pronto, un murciélago entró por la ventana y el Padre alzó la vara para atizarle a él.
Escrito por Mª Luisa Pérez Rodríguez

Cita a ciegas en la plaza del Torico

—¿Estudias o trabajas?
—Mi papá es rico. ¿Y tú?
—Soy militar.
—¿Tatuajes?
—Catorce
—Yo solo doce.

Isabel bebió demasiado y se retiró al baño. Diego, creyendo que no le había gustado, abandonó el restaurante. Sueños rotos de un amor imposible.

Desde la barra, Matías gritaba:

—¡Que pase la siguiente pareja!
Escrito por Pepe Sanchís

El relato de Malu

Noto sus latidos con cada palabra que escribe. Me lee en alto. Se ahoga. Entonces me añade dos comas y un punto. Vuelve a recitarme. Su respiración, al fin, es perfecta. Para terminar, me regala un pedazo de su corazón. Sonríe. Ahora sí. Me guiña un ojo, y yo... suspiro.
Escrito por Pablo Núñez - Twitter

Elvis de Las Vegas

Vislumbré esa rara mezcla de Elvis de Las Vegas hinchado por el alcohol y los tranquilizantes y la tía Conchi, la del pueblo. ¿Podría ser verdad? ¿Estaría alucinando...?

—¡¿Por qué me andas siguiendo?!

Entonces, ante mis putos ojos se derramó y, al ir a fregarlo, el suelo lo había absorbido.
Escrito por Raquel Tevas Cisneros

Lo efímero

Verme genera suspiros. Llevo un traje negro con ribetes dorados. Dormí en bodega de roble, a una temperatura de sosiego. Retiran el corcho, acercan las copas de cristal. Suena el teléfono, alguien se sobresalta. Sólo escucho "¡nooo!". Y me transformo en miles de gotas moradas, perdidas sobre el blanco mantel.
Escrito por Yolanda SA - Web

Platero

Detrás de la pantalla que había entre nosotros, guardaba un corazón que diríase todo de algodón. Sin embargo, nunca pude llegar hasta él en plenitud. Por las noches, yo solo apreciaba su pelamen rucio, sus orejas de asno, y unos ronquidos a modo de rebuznos, que no me dejaban dormir.
Escrito por Luis San José - Web

La danza

Te empujo, aunque no quiero, y comienzas tu baile imperfecto. Me esfuerzo para que te eleves, pero estoy comenzando a cansarme de propulsarte por el cielo. Ahora tengo que irme, pero pienso retornar pronto, para que sigas jugando a ser pájaro, despreciada bolsa de plástico. Te prometo un segundo baile.
Escrito por María José Viz Blanco

Hace ya 15 años

Cinco de la tarde. La gente, con sus mejores galas. El calor intentaba robarnos protagonismo, pero cuando salió por la puerta su belleza lo acaparó todo.

El festejo culminó con el metal en mi dedo cuando, con esa dulce mirada y su sonrisa permanente, ella me dio el sí quiero.
Escrito por Jose Antonio Gallego