Decisiones

El ambiente estaba tenso, cuando repentinamente se oyó:

—¡Es la última vez que decides! ¿Entendido? ¡Siempre es lo mismo, ahora tengo que arreglar todo este desastre! —vociferó el cerebro.

—Tienes toda la razón —murmuró agazapado el corazón.

Bajo una tenue luz y con una tristeza indescriptible, el poeta continúa escribiendo.
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Reencuentro

Después de cenar sale en el carro a recorrer las calles. Busca a las chicas que, por unas monedas, dan gratificación. Una entra al auto y, en un callejón, se desahoga con ella. Se va con la certeza de volver a verla. Cuando se la lleven, él hará la autopsia.
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La sutil diferencia entre miedo y terror

Cada mañana, al despertar, con las imágenes aún latentes en la cabeza, transcribía lo soñado en una libreta. Convertía sus pesadillas en historias de dioses primigenios y terror gótico.

Algunas noches, la dulce chica de la panadería se colaba en sus sueños. Pero esos no los escribía. Le daba miedo.
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El viejo Miguel

Miguel ha envejecido visitando diariamente la playa, donde se sienta hasta que atardece. Miguel espera, y espera...

Hoy, por fin, algo entre las olas lo sobresalta. Es una botella con un mensaje. Lo lee. Lo relee.

Se arrodilla y llora amargamente durante horas.

Al anochecer, Miguel se pierde mar adentro.
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Religiones

En medio de un océano de represión y terror vivieron adoctrinados por los siglos de los siglos. Eran pocos los venerados, muchos los discípulos uniformados sin escrúpulos imponiendo grave obediencia a través de la limosna, aprovechándose del miedo e inocencia aprendida de sus fieles. La guerra entre banderías estaba servida.
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Lo inevitable

Observándole escondida entre los matorrales, se enamoró de él. Le gustaban su apostura, su coraje, su determinación. Mil veces estuvo tentada de acercarse a él, pero temía que la rechazase. Por fin, un día, se armó de valor. Ocurrió lo inevitable: el cazador le rompió el corazón a la loba.
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A largo plazo

Mientras las noticias vomitan: edificios que se derrumban, vientos huracanados, mares enfurecidos, tierra arrasada, en un planeta que se despereza y deja huellas con manotazos sin control, muchas manos vuelven a construir, a devolver sueños, a plantar semillas, a borrar dolores. El ciclo volverá a repetirse hasta la destrucción total.
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Identidades emigradas

Llegó a la Isla de Ellis agotada y preocupada por que no la separaran de sus hijos. Entregó la documentación al funcionario, que rellenó su ficha y la selló "Antella Galecki". Ella trató de corregir el error "Czy Galowski, Nazywam się Aniela Galowski". Ignorándola, el funcionario de inmigración gritó "¡Siguiente!".
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M y Y

A Manuel un rayo le atravesó el corazón convirtiéndolo en piedra, como aquel que pintó en un banco con sus inciales. Ya apenas se ve; compañero de chicles, grafitis y manchas de aceite.

Mientras, Yolanda huye de la tormenta bajo su paraguas. Esquivando los charcos. Del brazo de su marido.
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Certidumbre

Por fin lo podía ver todo claro en medio de aquella sala. Me encontraba rodeado de gente en silencio. Ninguno se miraba entre sí. Tampoco yo lograba reconocerlos. Solo me reconocía estirado en el mesón. Lo veía más claro: estaba muerto y no me lo sabía responder a mí mismo.
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Hija de la espuma

Inconsciente de su propia hermosura, en una eterna primavera, se baña desnuda en la espuma del mar.

Cuando llega la hora, se coloca sobre una concha nacarada. Se cubre los senos con una mano; el pubis, con el largo cabello.

Y va derramando amor entre los visitantes de los Uffizi.
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Se rompió

Se le cayó al suelo, y decidió no recogerlo. Intuía desde hace años que algún día se le caería y se le haría añícos, no en vano se le había ido rompiendo en pedacitos poco a poco en los últimos 10 años. Finalmente reflexionó y decidió construirse un nuevo corazón.
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Juntos

Mi mujer y yo solíamos ir al cine juntos. Juntos caminábamos por el parque y juntos asistíamos a las presentaciones de libros. Como era natural, juntos también dormíamos. Un día desperté y no la vi. Somnoliento, me puse frente al espejo. Ahí estaba ella, con su cuerpo... y mis pensamientos.
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Fracaso

Extrajo de la chistera las escrituras de la hipoteca, el seguro de decesos, el recibo de la contribución, la notificación de una multa y la factura de la comunión de Clarita. Agotó el último truco.

Hundió más el brazo: solo halló su certificado de defunción. También había muerto la magia.
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Cabo suelto

La tienda abarrotada, la música, las luces cegadoras... se mareaba. Quería irse pero su mujer vagaba ojeando zapatos, bolsos y pulseras. Entonces la vio. No estaba muy cambiada... El deseo contenido de 10 años se leyó en sus miradas.

La siguió al probador. Se amaron por primera vez, con prisa.
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Hasta aquí hemos llegado

Ajeno al bullicio festivo, con el gesto empecinado del que vive del milagro y el orgullo soterrado de su abolengo marchito, salió camino del parque y allí sopesó sus motivos, entre palomas y madreselvas.

Después, encomendó su hastío al frío criterio de una pistola. Las palomas, asustadas, batieron alas unánimemente.
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No me pinches, que llevo chanclas

A pesar de su aspecto afilado, recto e inflexible había forjado una gran amistad con las cañitas secas de tallo corto que formaban aquel montón.

Parecía difícil que la encontraran, pero ocurrió.

Su nueva y solitaria vida se limita a esporádicas salidas del pequeño estuche cuando urge unir algunas telas.
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Más allá del amor

Al entrar, vestida de blanco, ilumina la habitación donde duerme María. La cubre de caricias mientras la asea para su marcha. Desenmaraña su cabello plateado, tras haber vencido desde la cama el combate por su vida.

Se despide con un beso. Al alba, con amor, le inyecta su último suspiro...
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Palabras encadenadas

Voy a intentar dejar escapar mis palabras que llevan tiempo atrapadas en mi alma. Hoy saldrán y se vestirán de gala. No sé lo que dirán y cómo se expresarán, lo que sí sé es que serán libres, sin cadenas y sin fronteras.

¡¡Tanto tiempo viviendo en el silencio!!
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Esa voz trastorna

—No le bastó con desquiciarme, doctor, ahora me visita en este encierro.

Tras apagarse el sonido del intercomunicador, el incrédulo guardia no daba crédito del ruido emitido por los altoparlantes de aquella habitación vacía de la sala de entrevistas del ala abandonada del hospital de psiquiatría...

Se funde a negros.
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Wanted

Para cuando Juan llegó al Oeste ya manejaba diestramente el revólver y cabalgaba como un comanche. Pero de inglés no andaba muy sobrado: "Hands up", "Give me the dough" y poco más. 

Hizo fortuna pronto, mientras las ciudades se iban llenando de, a su parecer, afectuosos pasquines con su rostro.
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¿El final?

Por un instante, se imaginó que sería seguro cerrar los ojos y olvidarse de toda preocupación. Pero apenas lo hizo, un desgarrador aullido se atrevió a romper de golpe la calma nocturna. Después de escucharlo, él dio un largo suspiro de tristeza. Su jornada por el infierno apenas estaba comenzando.
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El premio

El calor de hogar que Adrián Expósito había soñado desde la Casa Cuna se desprende del café humeante, caricias de miel y flores de pasión que Kifi le ofrece.

Kifi entró en su vida cuando obtuvo el premio.

Adrián nunca encontró mejor compañía. Lo había creado para ser su robot.
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Algo parecido a un adiós

Tiritas, tiemblan tus manos. Miras mis ojos pero no me ves. Intento abrigarte pero como estoy tan lejos no te llega mi calor.

Te llamo, hablo sin parar aunque no me escuchas. Te siento, aunque no te entiendo. Cuelgo el teléfono, enmudezco, presiento.

Y ahora soy yo la que tirita.
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Hada Palabras

Pequeña como una mariposa, de piel negra como el grafito y largas trenzas, Hada Palabras salva vidas. No es un trabajo difícil, basta con borrar una letra ce de las sentencias impresas en papel oficial. Luego, los condenados a la horca pasan la hora en su celda y son liberados.
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Hambre

Desde aquel día en que descubrió que faltaba un calcetín al sacar las prendas de la lavadora, invariablemente, cada vez que ha hecho la colada se ha extraviado una pieza de ropa. Hoy lava a una mano, sinceramente arrepentido de haber metido demasiado el brazo para ver qué podía recuperar.
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En busca de la felicidad

Mis pies descalzos y sucios corren con la pelota de trapo. Tras marcar, mis compañeros de tez oscura y sonrisa franca se arremolinan para celebrar la victoria, levantando nubes de polvo.

Decepcionado, de nuevo, me quito el casco de realidad virtual. No consigo llenar el vacío que prometía la publicidad.
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Empresas fallidas

A pesar del excelente acabado y la perfecta sincronización, aquel negocio de relojes de arena en el desierto del Gobi —donde el cuarzo más fino del mundo— no acababa de despegar. Antaño tampoco le funcionó bien la tienda de clepsidras en el atolón de Canohé —donde el agua más cristalina—.
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Estereotipos

Como tantas veces, el lobo bonachón entrará al camerino, se pondrá antifaz, garras y colmillos feroces.

El camerino contiguo disfrazará de impoluto lo disoluto, maquillará levemente una faz angelical. Niña en cándido rojo.

Saldrán al escenario y allí, como siempre, la ordinaria audiencia ovacionará la consabida obra de los estereotipos.
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Visita inesperada

—¡Vete, por favor! Necesito más tiempo, no estoy preparado aún.
—Sabes que no puedo hacerlo y tampoco quiero.

Apoyó la guadaña en el aparador, le dio un abrazo, cálido pero efímero y, con la voz más dulce que pudo, le dijo:

—¡Vamos! es la hora: tu hora.
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Rasgos humanos

Tras el diagnóstico, enjugó las lágrimas de Marta con un paño de esperanza. Su propio llanto lo reservó a la soledad.

Desde que en ella se desvanecieron los recuerdos y mermaron los pasos, los días son eternos.

Amarla y desear su muerte al mismo tiempo, convulsionan cada día su corazón.
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Huracán

Aquel verano el huracán llevaba nombre de mujer.

Puso las ideas patas arriba, arrasó con los imposibles y azotó los miedos de una nueva relación. Me llevó por delante despojándome de mis sombras.

Aquel verano la paz estaba en sus ojos. Aquel verano un huracán se convirtió en mi mujer.
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Balada negra de la supremacía

(Crescendo)

Perros, antorchas, patadas, gritos, disparos. Cruces en llamas. Cristales rotos. Patio trasero. Descampado.

El odio, encapuchado. La cuerda, el árbol, el nudo en la garganta, el cabo tenso, el estertor, el peso muerto.

(Silencio)

Compás de brisa triste. Balanceo. Coros de duelo. Solo sin voz, el canto del ahorcado.
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Aquí hay trabajo

El nuevo empleado pregunta por el vetusto sombrero de un maniquí. El dueño dice que no le incumbe. El trabajador no reprime el capricho de colocarse el viejo complemento. La figura cambia de rostro.

El propietario, con desgana, vuelve a poner en el escaparate el anuncio de "Se necesita dependiente".
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Nostalgia

Escucho el trino de los pájaros; se me antoja un homenaje a la vida alegre que llenó de risas, hace no tanto tiempo, nuestro mundo. Los niños ya no juegan, solo atienden sus móviles. Los jóvenes no se enamoran, se desahogan. Tú ni siquiera me miras.

Estás muerta, como yo.
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Mi gran tesoro

Abrió la puerta con sumo cuidado para evitar despertarla. Dormía plácidamente abrazando la almohada. Se acurrucó a su lado y sintió su respiración e incluso sus latidos. Se estremeció recordando cuando en sus brazos susurrándole una canción de cuna se dormía con ese mismo respirar placentero y lleno de inocencia.
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Un amor esdrújulo

Ella daba vértigo. Era una sílfide de ébano, una reina de África. Sus labios eran pétalos; sus palabras, música; sus caricias, bálsamos. Nos hicimos íntimos, nos creímos únicos. Pero a veces era ácida y también crítica. Un día se fue y me quedé rígido, me sentí ínfimo, fue realmente trágico.
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Hermano Cosme

No respeta el silencio monacal. Todos los días relata historias de su madre y de sus hermanos.

Los monjes saben que la madre falleció durante su único parto.

—¡Ya no me dejáis cocinar en el monasterio porque decís que se me va la olla! Pero... ¿para qué os contaba esto?
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Cena a la luna llena

—Me encanta la luna llena. Admito que es un tópico comentarlo cenando en la primera cita.

La muchacha se limpió relamiéndose los restos que le quedaban en los labios, y abandonó los despojos sangrantes del ligue de turno.

—Alguien debería haberle dicho que no se habla con desconocidas —dijo sonriendo.
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Fue un fantasma

Quizá fue un sueño. O un fantasma. O una pesadilla. En la que casi nos ahogamos entre las dobleces de la cola de su negra sábana; llenos de mentiras, verdades a medias, intereses egoístas y mucha amargura.

Un buen día abrimos los ojos y la enfrentamos. Ya no nos asusta.
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Patitos feos

Habían sido los patitos feos del colegio, los empollones rechazados y ridiculizados por todos.

Las hormonas de la adolescencia le transformaron a él en el macho alfa más deseado. A ella en una rosada garza de largas patas imantadora de miradas.

De su inevitable atracción nacieron patitos feos, también empollones.
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Tres segundos

El soldado baja sus pantalones. Defeca. Su cuerpo, ahora aliviado, deja que el cerebro vuelva a centrarse. Las balas del enemigo silban muy cerca de él, otras, impactan tras el muro.

Tres segundos nada más, se dice el soldado, "retortijón, urgencia y diarrea desaforada. Solo tres y fin del enemigo".
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El oscuro brillo de la verdad

Gracias a la divina providencia siempre me enamoro de hombres buenos, que me cuidan e intentan hacer de mí una mujer decente. Me esfuerzo por complacerles, pero el instinto es más fuerte que la voluntad y las cadenas. Por eso, no insistas, nunca pasearemos a la luz de la luna.
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Obsolescencia programada

Ni un te quiero. Ni un beso. Ni el cigarrillo de después. Cuando empezamos, estamos dale que te pego, hasta que los vecinos golpean la pared gritando: "¡Ya está bien!". Entonces lo aparto, me doy media vuelta y a dormir, pensando que mañana no se me olvide cambiarle las pilas.
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Como lluvia

La tierra se estremeció. Todos en el lugar se quedaron inmóviles, incrédulos ante lo que sucedía. Después de unos segundos, una mujer desgarró el silencio y gritó: "¡Están cayendo, están cayendo!". La multitud corrió, sin embargo, era demasiado tarde. Las bombas caían como lluvia. La Segunda Guerra Mundial había comenzado.
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El miedo

Entró sigiloso, acechante. Cubierto de pies a cabeza comencé a temblar. Olía a cabra, y a cuerno quemado. Arrastraba sus pezuñas por el suelo. Tenía que levantarme, o me llevaría con Él, al Infierno. Saltó sobre mí, ahogándome.

Tiramos los dos de las mantas. Y me lamió cariñoso las lágrimas.
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Epifanía Z

La noche transformó el camino en una duda serpenteante. Cuando aquella estrella iluminó lo que parecía ser un establo, los viajeros decidieron dar descanso a sus monturas.

Allí, un recién nacido les mordió el corazón.

Melchor fue el primero en convertirse. Súbitamente, sintió la irrefrenable necesidad de adorar al niño.
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Cuando no quieren...

Les abro la puerta de par en par, pero ni por esas. Hacen caso omiso a mis zalamerías, mirando con cierto desdén hacia otro lado. Me exasperan cuando se ponen de este humor. Bien saben que las necesito, irremediablemente, porque sin ellas no puedo escribir mi amarga historia de amor.
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Bendita competencia

No soy republicano ni monárquico y tampoco especialmente religioso que se diga, pero empiezo a estar bastante cansado. Llevo no sé cuántos años pidiendo a los Reyes una dentadura nueva porque Simona no quiere dejarme la suya y no consigo que me hagan caso. Tendré que probar con Papá Noel.
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Re(s)catada

Siento unas manos moldeando mi cuerpo. Mis senos, mis caderas, mi ombligo, mi sexo. Todo resulta perfecto. Un hombre a mi lado prepara la cena. Y una piel de serpiente secándose al sol. Cuando abro los ojos, un bombero macizo me lleva en sus brazos.

—Cuidado señora, vigile sus sueños.
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Confluencias

El actual Equipo de Gobierno, conformado democráticamente por los representantes designados por Bloque Unidireccional, Facción Alternativa, Inacción Española, Marchando Hacia El Futuro, Frente Oficialista, Cobremos, Ciudadanía Universal, Equidistantes En Acción y Jodeos Todos no ha podido alcanzar una resolución única sobre el horario de las sesiones plenarias.

Firmado: Los Alcaldes.
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Futuro condicionado

—Papi, de mayor quiero ser fontanero.
—¿Y eso?
—Para arreglarte el váter.
—Ah, bueno, pero me gustaría más asistir a tu graduación.

Transcurridos unos veinte minutos...

—Ven, campeón. ¿Lo que hay en el fondo del inodoro es tu peluche?
—Papi, se me olvidó decirte, también quiero ser corredor de fondo.
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Su impulso fue el correcto

Allí estaba Carmela, con una pierna rota en el hospital. Por su parte, el "Johnny de pacotilla" se llevó puntos en una ceja, por el botellazo que le metió cuando se acercó a socorrerla.

¡Es inevitable! Cualquier mujer sueña con bordar la coreografía de Dirty Dancing. ¡Ese imbécil lo fastidió!
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Conversaciones con Dios

—Mi hijo se muere... ¿Por qué él ?
—No hay motivo.
—¡Te odio!
—No me odias.
—Te necesito.
—Estoy aquí.
—¿Puedes ayudarme?
—Sólo si tu me dejas.
—Estoy confuso...
—Lo sé.

Y se alejó en silencio, igual que vino.

—¡¿Volverás?! —grité desde el otro lado.
—Depende de ti. Sabes dónde encontrarme.
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Hoy ha sido un gran día

Un banco libre en el parque, la colilla de un puro, sobras de un bocadillo de queso, algunos cartones nuevos junto al contenedor, una chaqueta abandonada sin demasiados agujeros, pocas palabras de desprecio y una mirada de ternura acompañada de un "buenas tardes"... y sin que supiera que era yo.
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Amor

No se habían visto nunca a pesar de que ya eran muchos los años transcurridos. Se querían, seguro. Todo fueron palabras, juramentos... por e-mail. Al encontrase, cambiaron letras por besos. Frases por caricias. Soledad por compañía. Eternidad por momentos. Promesas por gritos. Fidelidades por mentiras. Hastío por rutina. Se querían.
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Casimiro no se mira en los espejos

Cuando Casimiro estrenó gafas, no pudo aceptar la imagen avejentada que le devolvía el cristal azogado... y empezó a sospechar de los espejos.

Ya no se mira en ellos. No quiere ni imaginar lo que los muy tramposos han estado urdiendo desde el día en que lo sorprendió la muerte.
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Aquel temor

Abrió los ojos y se sintió bien, una vez pasado el gran susto. La vida entera había vivido con ese miedo fuertemente arraigado y nunca fue capaz de superarlo, hasta que Ángel, con juegos, lo empujó. Lanzó gritos y aspavientos antes de ser engullido por el acogedor y calmado mar.
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Condena perpetua

—Bailaré sobre tu tumba —le susurré.
—Eternamente —musitó moribundo.

Desde entonces suele aparecérseme, señala a quienes hablan conmigo y fallecen, retrasando mi muerte tantos años como les roba.

Ayer, desesperadamente solo, cumplí 40 años. Decidí suicidarme.

Hoy, condenadamente vivo, mi maldición amaneció prolongada por la muerte súbita de cuarenta neonatos.
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