Vida interior

Me pareció verle. De manera suicida, me lancé escaleras abajo, con la intención de alcanzarle en el portal, antes de que llegara al Bajo. Al llegar al último escalón fue cuando leí el aviso: Ascensor averiado. Disculpen las molestias.

En la consulta se lo tuve que explicar, despacio, en persona.
Escrito por Rafael Domingo Sánchez - Twitter

El canto del cisne

No había vuelta atrás. Capturó en el espejo la sonrisa, el aliento y el alma que se le escapó por la boca al expirar. Desde entonces vagó por el mundo intentando recomponer los pedazos que le faltaban. El fin justificaba los medios, eso pensaba él, para conseguir crearla de nuevo.
Escrito por Macarena Fernández - Web

Promesas

Recuerdo su silencio, el color rubí de la desesperación, sus manos implorantes, el pestillo y el olor a orina del cuarto de las puertas cerradas. Necesitaba su presencia, odiaba sus quejas y su mirada incrédula.

No temas, te prometo, sabré convertir mi ira en recuerdo, solo quiero que seas mía.
Escrito por Crispín - Web

Reencuentro

La viuda me reconoció en plena ceremonia. Al principio su cara contraída parecía negarlo, después se quedó quieta como una piedra. Cómo iba a explicarse mi presencia allí, seis meses después para sabotear su nuevo matrimonio, si estaba convencida de que su primer esposo yacía debajo de toneladas de tierra.
Escrito por Luis Ignacio Muñoz - Facebook

Ad hoc

A pesar de la situación, no puede evitar sonreír al pensar en su mujer. Se imagina lo mucho que le va a costar a ella olvidarlo, sobre todo cuando descubra la mancha pegajosa, rodeada de su silueta de tiza, que le ha dejado sobre la alfombra de diseño que adora.
Escrito por Pilar Alejos Martínez - Web

Ya has decidido

Y cuando cogió el último tren, nunca pensó que dejaba atrás un río de lágrimas en un rostro perdido. 

Ella se alejó de la estación y se perdió entre la gente, y sin mirar atrás abandonó aquellas maletas que poco le importaban.

Arregló el pañuelo, sonrió y camino hacia delante.
Escrito por JM

Los Anacondas

El mono araña come higos en la copa de un ficus mientras el yanomami tensa su arco apuntándole. Antes del disparo, sin embargo, un estridente sonido lo espanta. El cazador sacude contrariado la cabeza: cada vez resulta más crucial, en su dramática lucha por la supervivencia, tener silenciados los grupos.
Escrito por Enrique Mochón Romera - Twitter

Al límite

La niña entra en la habitación y quita las zapatillas rosas al cuerpo que pende como un jamón delgaducho, las muerde y traga el pedazo que arranca. Da una patada a las facturas apiladas en el suelo. Y a su padre le da empujoncitos, le hace dar vueltas y vueltas.
Escrito por Eduardo Martín Zurita