Juan sin zapatos

Juan iba de compras a la zapatería, lucía zapatos con vejez moribunda. Los pies eran un ramillete de ampollas reventadas, talladas con trizas de piedras resentidas. Los dedos se le escapaban al alquitrán. Los zapatos del muestrario eran perfectos para los hijos, y él volvió con los viejos al hombro.
Escrito por Edwin Antonio Gaona Salinas

Los fósforos

Juana se sentía sola, todo era oscuro. Sus ojos trataban de adaptarse a su entorno, se guiaba solo con sus manos. Encontró una pequeña caja, la sacudió y, al hacerlo, todo su cuerpo se estremeció. La soltó enseguida y siguió caminando.

Desde aquella hoguera, ella ya no era la misma.
Escrito por Tebo Samaniego

Ese que engaña

Me he encontrado fantaseando con aquel compañero de cabello ondulado y ojos color tierra. Quizás fue su supuesta timidez lo que me atrajo o, después de conocerlo, el saber que no lo era. Que era en realidad un pícaro encubierto, que espera el momento o la palabra perfecta para revelarse.
Escrito por La niña pony

Saliendo de cuentas

Fueron cincuenta promesas falsas, cuarenta disculpas sin alma, treinta cartas sin respuesta, veinte llamadas vacías y diez lágrimas ahogadas.

Hoy saboreo nueve cigarrillos sin filtro, ocho porciones de chocolate negro, siete helados de vainilla, seis copas de vino, cinco minutos aterida, cuatro ardiendo, tres auto-caricias, dos gemidos y un olvido.
Escrito por Mª Belén Mateos Galán

Genio y figura

Era muy mendaz. Ya cuando era un joven púbero sus tejemanejes consistían en perturbar, cuanto más, mejor, a sus compañeros de juegos con relatos inventados.

Por eso, cuando leí la lápida, no pude reprimir una media sonrisa. Decía así:

Disfrutad, amigos, mi ausencia, que espero sea corta. Nos vemos pronto.
Escrito por Rafael Domingo Sánchez - Twitter

Profesión de riesgo

Me gustaba dar patadas a las piedras. Lanzaba chuts de todos los gustos y colores, lateral, de tacón, con efecto, logrando cada vez mayor distancia.

Hasta que ocurrió lo inevitable, acerté al pobre guardia de tráfico, que se tragó el silbato.

Desde entonces suena sin cesar de Cibeles a Neptuno.
Escrito por Pepe Illarguia - Web

Perdi-2

El día que se hallaron, perdieron la noción del tiempo y dejaron de sentirse unos perdedores.

En su segunda cita, sin perder un minuto, perdieron la vergüenza.

Tiempo después, perderían las formas y empezaron a perderse el respeto. Luego, perdida la ilusión, se encontraron con que volvían a estar perdidos.
Escrito por Carles Quílez - Web

Competencia desleal

Tu fotografía lleva quince años presidiendo el mueble del salón. Mamá todavía llora cuando la mira y papá siempre me ha comparado contigo.

Los dos te prefieren a ti.

Me pregunto si habrías sido tan buen hijo como ellos imaginan si el coche que te atropelló hubiera frenado a tiempo.
Escrito por Asun Paredes