Planeta X (III)

—¿Cumplió su promesa? —bajó la mirada.
—Nunca volví a ver a mi padre.
—¿Tú cumplirías, verdad? —abrió los ojos.
—Nunca volverá a pasar, hijo, lo prometo.
—¿Por qué lloras, papá? —sonrió. Recordé a mi padre.

Bajo un gran marco, donde se ve una masa amorfa e incandescente, se lee Celtar.
Escrito por Giancarlo Ubillus - Twitter
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Maquiavélica pulpa

Amaneció con el pie derecho. Sin menospreciarla. Incluso la alabó con un "este zumo está de muerte". En segundos se le cerró la tráquea. Se le abrieron los ojos de pánico. Y la última imagen que vio fue la cara amoratada de su amada, con una sonrisa maquiavélica de satisfacción.
Escrito por Stbn

Memoria

Hemos llegado otra vez al lugar donde comenzamos y tengo miedo de no poder resistir hasta el final. No sé hasta cuándo pueda aguantar que me sigas olvidando. Te amo y no puedo evitar una lágrima cada que me preguntas quién soy. Yo también me voy perdiendo en tu alzhéimer.
Escrito por Andrés Galindo - Web

La decepción de la sirena

Se dio cuenta de que había sacrificado su voz para nada, aunque pudiera hablar nunca conquistaría el corazón del príncipe. Ahora en tierra firme, observó cómo contoneaba las caderas al andar, algo que no notó cuando salvó su vida. Volvería al mar, cualquier tritón habría tenido más éxito que ella.
Escrito por Perraka - Twitter

Con la luz apagada

Aunque es muy vergonzosa, en lo referente al sexo es ella la que siempre sugiere nuevos juegos. Tampoco pone impedimentos a practicar posturas más allá del 69. Lo que no permite, en ningún caso, es que su marido —ciego— le toque la cara con sus manos... Mucho menos, lo demás.
Escrito por Gabriel Pérez Martínez - Web

Abismo

Después de la cuarta aspirina disuelta en whisky sólo quedan los tambores, lo tengo comprobado. Y es aterradora la soledad, sí, pero prefiero ese redoble que me bambolea el cerebro como una pelota de trapo a las voces que susurran cosas. Cosas que no puedo... No querría... Al menos aún.
Escrito por Belén Sáenz

El Gran Gatsby

La madrugada arrugaba la carretera y adormecía los reflejos del conductor. El acompañante le preguntó si quería turnarse, dar una cabezada. Estaba dispuesto a relevar al volante a su jefe.

Repentinamente, el accidente. Entonces el conductor recordó la película de El Gran Gatsby: "Ahora tú dirás que eras quien conducía".
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

Tiempo revuelto

Ayer, a primera hora, un furtivo rayo de sol asaltó un banco de nieblas. A media mañana, todavía relucía el botín de perlas de rocío desparramado sobre los prados. La cara del hombre del tiempo era todo un poema. Incapaz de encajar las líneas isobaras, dio paso a la publicidad.
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web