El Gran Gatsby

La madrugada arrugaba la carretera y adormecía los reflejos del conductor. El acompañante le preguntó si quería turnarse, dar una cabezada. Estaba dispuesto a relevar al volante a su jefe.

Repentinamente, el accidente. Entonces el conductor recordó la película de El Gran Gatsby: "Ahora tú dirás que eras quien conducía".
Escrito por Francisco Rubio Yepes - Web

Tiempo revuelto

Ayer, a primera hora, un furtivo rayo de sol asaltó un banco de nieblas. A media mañana, todavía relucía el botín de perlas de rocío desparramado sobre los prados. La cara del hombre del tiempo era todo un poema. Incapaz de encajar las líneas isobaras, dio paso a la publicidad.
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web

El secreto de los campos de lavanda

Era ingenua y alegre, pero, a menudo, lloraba desconsolada sobre los campos florecidos, y un día desapareció.

Mamá callaba. Papá se ocultaba. Yo siempre la esperé y, abrazada a una niña violácea que olía a espliego, regresó.

—¿Es mi sobrina? —pregunté entusiasmado.
—Sí —respondió serena—, y también tu hermana —añadió.
Escrito por María José Escudero

Extinguirse

Una bocanada más o una menos. Al final no importaba. Claire miraba al cigarrillo consumirse lentamente frente a ella. Después de que se le fuera la vida tratando de complacer a otros, finalmente era libre para decidir en qué momento su vida se extinguía. Ya nada la volvería a atar.
Escrito por Patricia J. Dorantes - Facebook

Cálidamente frío

Y ahí estaba, con la ilusión de la última cita; un vestido nuevo, mejillas ruborizadas y el tic nervioso en el pie que sacudía incansablemente.

Por fin, el flamante caballero aparece frente a ella, ambos sonríen; pero el frío abrazo de sus prótesis hace enmudecerla y desaparecer sin dejar rastro.
Escrito por Selene Argueta - Twitter

Te daré tus sueños

Danzan sus manos melodías en blanco y negro. Desde su oscuridad, le basta rozarlas con gráciles dedos. Debe alzar lejos el vuelo para aprender e, ingrávida, poder acariciar el cielo.

Su abuela cumplió sus anhelos, le legó sus sueños. Elisa sonríe cuando, frente al espejo, la reconoce en sus ojos.
Escrito por Pilar Alejos - Web

La vida y la muerte

Un día cualquiera, nacieron dos niñas llamadas Vida y Muerte. Los padres se tuvieron que separar y la madre se quedó con Vida y el padre con Muerte, pero las niñas nunca se quisieron separar, por lo cual Vida le mandaba regalos a Muerte, y Muerte los guardaba para siempre.
Escrito por Eva de Nicolás

Las escaleras mecánicas

Sara es una persona tan mayor, que la vida le pide permiso cada vez que cumple años. Las escaleras que llevan al barrio alto donde vive, pronto serán mecánicas. Por la noche, cuando todos duermen, se imagina probando el pasamanos.

"¿Falda o pantalón?", piensa mientras resuelve, emocionada, la anticuada ropa.
Escrito por Smokey pisó la raya