El pararrayos

Aquel año, todas las mujeres encintas del pueblo abortaron.

Se habló de la proximidad de la central nuclear inaugurada meses atrás, pero ya nadie se acordaba de la gran tormenta que cayó a mediados de agosto. Ni del rayo que chamuscó el nido que coronaba la torre de la iglesia.
Escrito por Josep Sebastián - Web

Moviola

Muere en la habitación del hospital donde su esposa da a luz a su hijo a una manzana de la iglesia donde contrae matrimonio y la conoce en el instituto de la calle donde le bautizan en la iglesia que dista una manzana del hospital donde ahora acaba de nacer.
Escrito por Manuel Bocanegra - Web

La dueña de la pensión

Entra, sale, y se dirige a su habitación. Hace poco ruido. A veces saluda. Si te asomas lo ves con los auriculares puestos. Articula algún sonido, se ríe. Sin embargo cuando sale a caminar por la calle, compruebas que su éxito social es grandilocuente. Asombrada me tiene este buen hombre.
Escrito por Carmen Martínez Marín - Web

Ay ho, ay ho, nos vamos a cenar...

Los hombrecillos masticaban en silencio, saboreando la carne lentamente. El invierno había sido duro, las heladas arruinaron la cosecha y la caza escaseaba en el bosque. Pero aquella noche cambió su suerte cuando una mujer allanó su hogar. Al verla, ninguno de ellos dudó de que ella sería su cena...
Escrito por Perraka

Malentendido

La discusión había sido intensa esta vez. Aún permanecían suspendidas en el aire las palabras de él antes de cerrar de un portazo y marcharse: "No te entiendo... me vuelves loco". Recordándolas, sonrió complacida. ¡Hay que ver! Más de treinta años juntos y seguía diciendo que estaba loco por ella...
Escrito por Flor Belmonte

Malos tratos

—No intentes escabullirte, maldito gato —susurró el niño, mientras avanzaba cojeando penosamente.

Cazó al peluche de una oreja, lo sacudió y lo azotó impiadoso con su cinturón. Por suerte para el minino, sólo pudo utilizar la mano izquierda, que era la menos hábil, pero la única que le quedaba sana.
Escrito por Silvina Palmiero - Twitter

Los tiempos cambian

Enfundado en su mono azul logró desencajar la llave y abrir la caja fuerte, Arturo había recuperado los documentos vitoreado por los directivos reunidos en aquella mesa redonda. Estaba satisfecho; por fin acabaron reconociendo su labor. 

Entregaron las propuestas a los acreedores, entre ellas la externalización del servicio de mantenimiento.
Escrito por Jose Antonio Gallego

La respuesta

Los dedos pulsan la retina, como un timbre tras la puerta, convocan la presencia inmediata. Se abren los párpados. Todo es negro y una estrella tintinea en ese cielo tan extraño. Inútil no rozarla. Cuando estira la mano aparecen redondos universos. Uno es verde, como sus ojos, responde: yo también.
Escrito por Juan Carlos Parra